Acabo de comparar las métricas de escasez de los principales activos, y los resultados son bastante interesantes para reflexionar. Resulta que las características de escasez de un activo se pueden medir con precisión usando la relación Stock-to-Flow—básicamente, dividimos la oferta total existente por la cantidad que se produce por año.



¿El resultado? Bitcoin está en una posición sin precedentes. La cifra alcanza aproximadamente 121, muy por encima del oro que solo tiene alrededor de 70, y la plata aún más atrás con aproximadamente 25. Cuanto mayor sea la relación, más difícil es inundar el mercado con nueva oferta.

Lo interesante es este cambio fundamental. El oro ha sido durante miles de años el estándar para almacenar valor, pero Bitcoin, con su calendario de suministro programado, ha creado una dinámica diferente. Las características de escasez que posee Bitcoin no solo se basan en números—esto trata de cómo el mecanismo del protocolo asegura que esa escasez sea permanente, que no pueda ser manipulada.

Si esta tendencia continúa, estamos presenciando un cambio de paradigma en cómo la humanidad define "dinero duro". Algo que vale la pena observar en los próximos años.
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