De la bancarrota a mil millones: cómo SpaceX cambió la astronáutica mundial

En diciembre de 2025, Wall Street trae una noticia revolucionaria: SpaceX ha alcanzado una valoración de 800 mil millones de dólares en la última ronda de venta de acciones. Los preparativos para su debut en bolsa en 2026 se aceleran, y la dirección pronostica recaudar más de 30 mil millones de dólares. Si los planes tienen éxito, la capitalización total del mercado podría llegar a 1,5 billones de dólares, un nivel comparable con Saudi Aramco en 2019. Para el fundador y director de la empresa, una persona que una vez disponía de solo 100 millones de dólares en ganancias de PayPal, este es el momento de convertirse en el primer billonario de la humanidad.

El camino de la locura a la innovación

La historia de SpaceX comienza en 2001, cuando Musk tenía 30 años y más de 100 millones de dólares en efectivo. En lugar de retirarse tranquilamente —como hicieron sus contemporáneos— tomó una decisión empresarial que todos consideraron una locura: quería construir cohetes y conquistar Marte. Esta visión lo llevó a Rusia, donde se reunió con especialistas de la Oficina de Diseño de Ławoczkin. La reunión fue humillante: los ingenieros rusos se burlaron abiertamente de la idea, y uno de ellos supuestamente escupió al ambicioso empresario, sugiriéndole que “se fuera si no podía pagar los hechos”.

El regreso en avión trajo una nueva esperanza. Durante el vuelo, Musk buscó una calculadora y mostró a sus compañeros una hoja de cálculo: resultó que la tecnología de cohetes no era magia negra, sino un problema ingenieril resoluble. “Podemos construirlo nosotros mismos” — esas palabras marcaron el inicio de una revolución en el espacio.

Cuando cada intento termina en explosión

En 2002, se registró oficialmente SpaceX en un antiguo almacén en El Segundo, cerca de Los Ángeles. La visión era ambiciosa: convertirse en la “Southwest Airlines” de la industria espacial, ofreciendo servicios de transporte satelital económicos y confiables. La realidad fue brutal. La construcción de cohetes consume sumas enormes — en la industria dicen que sin mil millones de dólares no se puede mover ni a gigantes como Boeing o Lockheed Martin.

Los primeros lanzamientos fueron una serie de fracasos:

  • 2006: Falcon 1 explota a los 25 segundos
  • 2007: Segundo lanzamiento, segundo desastre
  • 2008: Tercera prueba — el primer y segundo etapa colisionan sobre el Pacífico

El ambiente en la empresa se volvía cada vez más tenso. Los ingenieros no dormían, los proveedores exigían pagos, y los medios perdieron interés. En 2008, año de la crisis financiera, Musk se encontró acorralado. Tesla estaba al borde de la bancarrota, su esposa lo abandonó, y SpaceX solo tenía fondos suficientes para un intento final.

La experiencia de toda la situación se enriqueció con una profunda herida personal. Los astronautas Neil Armstrong y Eugene Cernan — ídolos de Musk en su infancia — llamaron públicamente a dudas sobre sus proyectos. Armstrong dijo claramente: “No entiendes lo que no conoces”. En una entrevista, Musk no pudo contener lágrimas, recordando esas palabras — no lloró cuando los cohetes explotaban, sino cuando sus héroes lo defraudaron.

El cambio en Cabo Cañaveral

El 28 de septiembre de 2008 — una fecha que cambió toda la trayectoria de SpaceX — Falcon 1 se elevó en el aire, y esta vez no explotó. Después de 9 minutos, el motor se apagó según lo planeado, y la carga entró en órbita. En el centro de control, estallaron los gritos de alegría — SpaceX se convirtió en la primera compañía privada en colocar con éxito un cohete en órbita.

Pocos días después, llegó la noticia de la NASA: contrato por 1,6 mil millones de dólares para 12 misiones entre la Tierra y la Estación Espacial. Musk cambió la contraseña de su computadora a “ilovenasa” — la era de la esperanza había comenzado.

Cuando un ingeniero se convierte en reformador

El siguiente avance parecía tecnológicamente imposible: cohetes reutilizables. La industria se burlaba de la idea. Pero Musk volvió a lo básico de la física. Si los aviones se enviaran a chatarra después de un solo vuelo, nadie volaría. Por lo tanto, los cohetes deben regresar.

Al revisar las hojas de costos, Musk descubrió una realidad asombrosa: los proveedores tradicionales de componentes espaciales inflaban los precios incluso por varias decenas de veces. La fibra de carbono cuesta 135 dólares por kilogramo; el acero inoxidable, el mismo que se usa para hacer ollas, cuesta 3 dólares. Cuando los ingenieros protestaron por el peso, Musk señaló la temperatura de fusión: el acero soporta 1400 grados, y su resistencia aumenta en temperaturas de oxígeno líquido. Resultado: un cohete de “acero común” pesa lo mismo, pero cuesta 40 veces menos.

El 21 de diciembre de 2015, Falcon 9 regresa a la Tierra y aterriza verticalmente en Florida. Este momento destruyó definitivamente las viejas reglas de la industria. La era del acceso barato al espacio acaba de comenzar.

Starlink: de la visión a los miles de millones

La valoración de SpaceX se disparó de 1,3 mil millones en 2012 a 400 mil millones en julio de 2024. Pero detrás de esta valoración espacial no solo está el pasado tecnológico — sino Starlink.

Una constelación de miles de satélites en órbita baja transforma el espacio de un espectáculo a una infraestructura. Sin importar el lugar — una nave en el Pacífico o territorios devastados por la guerra — basta con un receptor del tamaño de una caja de pizza para recibir señal desde cientos de kilómetros sobre la Tierra. Esto se ha convertido en una máquina de hacer dinero, asegurando un flujo constante de efectivo.

Hasta noviembre de 2025, Starlink había registrado 7,65 millones de suscripciones activas, y el número real de usuarios superó los 24,5 millones. Norteamérica genera el 43% de las suscripciones, mientras que Corea y países asiáticos muestran un crecimiento prometedor. El análisis financiero indica que los ingresos de SpaceX en 2025 podrían alcanzar 15 mil millones de dólares, y en 2026, 22-24 mil millones, de los cuales más del 80% proviene de Starlink.

SpaceX ya no es solo un contratista — es un gigante global de telecomunicaciones con ventaja monopolística.

La última estación antes de la transformación

El mayor IPO de la historia no será una “salida con ganancias” tradicional. Musk ya dijo abiertamente: “salir a bolsa es una invitación al sufrimiento”. La escala de su ambición revela que en dos años, el primer Starship llegará a Marte sin tripulación; en cuatro años, los humanos pisarán la superficie. El objetivo final: una ciudad en Marte construida con 1000 naves Starship.

Cientos de miles de millones de dólares en IPO son una “tarifa interestelar” — como la llamó Musk. Los ingresos de la oferta pública son el combustible, el acero y el oxígeno que allanarán el camino hacia el mundo final. La historia de Musk — desde el hombre que casi lo perdió todo en 2008 hasta el potencial primer billonario — muestra que a veces las mayores visiones requieren los mayores riesgos.

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