La cadena de valores en los valores mobiliarios es una tendencia inevitable, pero existe un dilema clásico entre los reguladores y los participantes: los datos de las transacciones necesitan ser confidenciales, pero las autoridades regulatorias también deben poder revisarlos en cualquier momento. ¿Cómo equilibrar ambos intereses?
En la lógica de las finanzas tradicionales, la divulgación es completa. Pero en el mundo de la cadena, esto se convierte en una paradoja técnica: o se publica toda la información para que todos puedan verla, o se mantiene en el anonimato total, impidiendo cualquier revisión. La mentalidad binaria de la cadena de bloques ha dejado a muchos proyectos atrapados en este problema.
Un líder de equipo, Jelle Pol, al reflexionar sobre esta cuestión, tuvo una inspiración repentina: "¿Por qué no hacer que los datos permanezcan en estado invisible durante la supervisión?"
El resultado de esta idea son los contratos inteligentes confidenciales. La tecnología central es la prueba de conocimiento cero, que viste al código con una "capa de invisibilidad". La operación específica es la siguiente: la identidad de los participantes en la transacción y el monto de la transferencia se encriptan, pero el sistema puede generar una prueba criptográfica que transmite a las autoridades regulatorias la información de que "esta transacción cumple con las normas", sin revelar ningún detalle sensible. Es como solicitar un préstamo en un banco: no necesitas mostrar tu libreta de ahorros a todos, solo una constancia de activos emitida por el banco.
Pero resolver solo el problema de la privacidad no es suficiente. Los usuarios institucionales también temen la carga operativa tras poner los datos en la cadena: las cadenas públicas tradicionales procesan las transacciones de manera ineficiente, y todos los nodos de la red deben participar en la confirmación, lo cual es demasiado pesado.
El equipo lanzó entonces un mecanismo de consenso llamado Segregated Byzantine Agreement (SBA) para abordar este problema. Innovadoramente, dividieron los nodos de validación en dos roles: el "grupo de contabilidad", que se enfoca en procesar transacciones rápidamente y puede completar la liquidación en 15 segundos; y el "grupo de validación", responsable de salvaguardar los límites de cumplimiento y supervisar en tiempo real. De esta manera, se garantiza tanto la velocidad de las transacciones como la aplicación de las reglas.
Este conjunto de soluciones refleja un avance en la forma de pensar: la privacidad y la auditoría no son relaciones opuestas, sino que pueden coexistir mediante el uso de criptografía y diseño de mecanismos.
Ver originales
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
La cadena de valores en los valores mobiliarios es una tendencia inevitable, pero existe un dilema clásico entre los reguladores y los participantes: los datos de las transacciones necesitan ser confidenciales, pero las autoridades regulatorias también deben poder revisarlos en cualquier momento. ¿Cómo equilibrar ambos intereses?
En la lógica de las finanzas tradicionales, la divulgación es completa. Pero en el mundo de la cadena, esto se convierte en una paradoja técnica: o se publica toda la información para que todos puedan verla, o se mantiene en el anonimato total, impidiendo cualquier revisión. La mentalidad binaria de la cadena de bloques ha dejado a muchos proyectos atrapados en este problema.
Un líder de equipo, Jelle Pol, al reflexionar sobre esta cuestión, tuvo una inspiración repentina: "¿Por qué no hacer que los datos permanezcan en estado invisible durante la supervisión?"
El resultado de esta idea son los contratos inteligentes confidenciales. La tecnología central es la prueba de conocimiento cero, que viste al código con una "capa de invisibilidad". La operación específica es la siguiente: la identidad de los participantes en la transacción y el monto de la transferencia se encriptan, pero el sistema puede generar una prueba criptográfica que transmite a las autoridades regulatorias la información de que "esta transacción cumple con las normas", sin revelar ningún detalle sensible. Es como solicitar un préstamo en un banco: no necesitas mostrar tu libreta de ahorros a todos, solo una constancia de activos emitida por el banco.
Pero resolver solo el problema de la privacidad no es suficiente. Los usuarios institucionales también temen la carga operativa tras poner los datos en la cadena: las cadenas públicas tradicionales procesan las transacciones de manera ineficiente, y todos los nodos de la red deben participar en la confirmación, lo cual es demasiado pesado.
El equipo lanzó entonces un mecanismo de consenso llamado Segregated Byzantine Agreement (SBA) para abordar este problema. Innovadoramente, dividieron los nodos de validación en dos roles: el "grupo de contabilidad", que se enfoca en procesar transacciones rápidamente y puede completar la liquidación en 15 segundos; y el "grupo de validación", responsable de salvaguardar los límites de cumplimiento y supervisar en tiempo real. De esta manera, se garantiza tanto la velocidad de las transacciones como la aplicación de las reglas.
Este conjunto de soluciones refleja un avance en la forma de pensar: la privacidad y la auditoría no son relaciones opuestas, sino que pueden coexistir mediante el uso de criptografía y diseño de mecanismos.