Arthur Hayes análisis en profundidad: si la Reserva Federal interviene en el yen, podría convertirse en el catalizador de la próxima tendencia de Bitcoin
La Reserva Federal de Nueva York realizó recientemente una operación de verificación de tipos de cambio, una acción ampliamente vista como un presagio de intervención en el mercado de divisas. Al mismo tiempo, el rendimiento de los bonos del Tesoro japonés a 10 años ha subido desde aproximadamente el 1% en 2024 a más del 2% en el rango.
El cofundador de BitMEX y reconocido analista de criptomonedas Arthur Hayes ha planteado recientemente una perspectiva llamativa: si la Reserva Federal expande su balance para intervenir en el mercado del yen y los bonos japoneses, beneficiará directamente a activos de riesgo como Bitcoin.
Advertencia del mercado
La “advertencia de avalancha” en los mercados financieros ya suena. Hayes utiliza la vívida metáfora de un “sonido sordo en la montaña” para describir los riesgos estructurales profundos que enfrenta actualmente el mercado financiero japonés. Cuando se forma una capa frágil entre la nieve superficial y la corteza de hielo en el fondo, una pequeña presión puede desencadenar una avalancha a gran escala. De manera similar, el mercado financiero japonés parece estable en la superficie, pero oculta una crisis en su interior.
La persistente debilidad del yen y el aumento sincronizado en los rendimientos de los bonos japoneses crean una combinación rara y peligrosa. Este fenómeno refleja que la presión estructural en el sistema financiero japonés se está filtrando hacia los mercados globales.
Lógica central
El núcleo de la teoría de Hayes se centra en las posibles vías de intervención de la Reserva Federal. Él propone que, si el yen continúa debilitándose y provoca inestabilidad en el mercado de bonos japonés, la Fed podría intervenir.
En teoría, la Reserva Federal de Nueva York puede crear pasivos de reservas bancarias (es decir, dólares), vendiendo dólares en el mercado de divisas a través de los principales bancos dealers para comprar yenes, y luego usar esos yenes para comprar bonos japoneses. Esta operación lograría tres objetivos simultáneamente: elevar el tipo de cambio del yen, reducir los rendimientos de los bonos japoneses y, en la práctica, expandir el balance de la Reserva Federal.
Lo crucial es que, aunque esta intervención ampliaría el balance de la Fed, podría hacerse “de manera legítima” sin que se etiquete como una expansión cuantitativa. Pero, en cualquier caso, su resultado sería inyectar nueva liquidez en dólares en el sistema.
Estado actual del mercado
El mercado actual se encuentra en una encrucijada clave. Las autoridades japonesas son muy sensibles a la zona de los 160 yenes por dólar, nivel que en 2024 desencadenó intervenciones por parte de Japón.
El pasado viernes, un representante de la Reserva Federal de Nueva York realizó una verificación de tipos de cambio en nombre del Departamento del Tesoro de EE. UU., siendo la señal más fuerte de posible intervención en el mercado de divisas desde la coordinación del G7 tras el gran terremoto de Japón en 2011. El índice del dólar sufrió su mayor caída semanal desde abril del año pasado, mientras que el yen se fortaleció por primera vez en cuatro meses. Estas volatilidades indican que los operadores están comenzando a valorar la probabilidad de intervención.
Al mismo tiempo, el Banco de Japón enfrenta un dilema: debe frenar la rápida depreciación del yen sin enviar señales de política demasiado agresivas que puedan disparar los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Motivaciones para la intervención
Hayes señala que la motivación de EE. UU. para participar en una intervención no solo es apoyar a sus aliados, sino también proteger sus propios intereses.
Los inversores japoneses son uno de los mayores tenedores de bonos del Tesoro estadounidense, con una cartera de activos de deuda exterior que alcanza los 2.4 billones de dólares, en su mayoría invertidos en bonos del Tesoro de EE. UU. Si las instituciones japonesas venden estos bonos para repatriar fondos debido a la subida de los rendimientos internos, aumentarán los costos de endeudamiento en EE. UU.
Además, una depreciación significativa del yen dañaría la competitividad de las exportaciones estadounidenses a nivel global. Un yen estable pero no demasiado fuerte favorece los intereses estratégicos de EE. UU., especialmente considerando la política de “Estados Unidos primero” promovida por la administración Trump. El ministro de Finanzas japonés, Aso Taro, y el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, han mantenido una postura coordinada en temas de tipos de cambio, sentando las bases para posibles acciones conjuntas.
Impacto en Bitcoin
Hayes cree que las condiciones monetarias y de liquidez globales, más que el sentimiento específico del mercado de criptomonedas o los flujos de fondos en ETF, serán los principales impulsores del próximo ciclo alcista de Bitcoin. Según su análisis, si la Fed expande su balance mediante la intervención en el mercado del yen y los bonos japoneses, la nueva liquidez en dólares buscará activos escasos, siendo Bitcoin uno de los principales beneficiados.
Los datos del mercado en la plataforma Gate muestran que, hasta el 28 de enero de 2026, el precio de Bitcoin era de $89,276, con una capitalización de mercado de 1.78 billones de dólares y una participación del 56.33%. El mercado de Bitcoin ha estado muy activo recientemente, alcanzando brevemente los 91,000 dólares en la madrugada del 24 de enero, con volatilidad que provocó liquidaciones masivas, incluyendo la liquidación de una posición corta de un trader por aproximadamente 60 millones de dólares.
Estrategia de trading
Frente a esta posible transición, Hayes ha ajustado su estrategia de posiciones. Ha revelado que, antes de la reciente volatilidad del yen, redujo sus posiciones apalancadas en Bitcoin proxy. Deja claro que no aumentará su exposición al riesgo hasta que confirme que la Fed realmente está inyectando liquidez para estabilizar el mercado del yen y los bonos japoneses.
El fondo Maelstrom, gestionado por Hayes, continúa aumentando su posición en Zcash ($ZEC) y mantiene otras tenencias en tokens DeFi de alta calidad. Si se confirma la intervención de la Fed, el fondo planea incrementar su inversión en tokens DeFi como ENA, ETHFI, PENDLE y LDO.
Cuando el índice del dólar sufrió su mayor caída semanal desde abril del año pasado, las curvas de precios del yen y Bitcoin en los gráficos de Gate comenzaron a mostrar una relación sutil. Hayes observa los cambios en la categoría de “activos denominados en moneda extranjera” del balance de la Fed, creyendo que esta cuenta aparentemente insignificante podría ser la señal de partida para la próxima tendencia en el mercado de criptomonedas. La operación de verificación de tipos de cambio de la Reserva Federal ya envió la primera señal. El mercado está en espera, a la espera de cuándo se abrirá oficialmente esta vía de inyección de liquidez no convencional, y entonces, las curvas en los gráficos de Bitcoin podrían volver a confirmar la antigua ley de los flujos de capital global: el agua siempre fluye hacia abajo y el dinero hacia arriba.
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Arthur Hayes análisis en profundidad: si la Reserva Federal interviene en el yen, podría convertirse en el catalizador de la próxima tendencia de Bitcoin
La Reserva Federal de Nueva York realizó recientemente una operación de verificación de tipos de cambio, una acción ampliamente vista como un presagio de intervención en el mercado de divisas. Al mismo tiempo, el rendimiento de los bonos del Tesoro japonés a 10 años ha subido desde aproximadamente el 1% en 2024 a más del 2% en el rango.
El cofundador de BitMEX y reconocido analista de criptomonedas Arthur Hayes ha planteado recientemente una perspectiva llamativa: si la Reserva Federal expande su balance para intervenir en el mercado del yen y los bonos japoneses, beneficiará directamente a activos de riesgo como Bitcoin.
Advertencia del mercado
La “advertencia de avalancha” en los mercados financieros ya suena. Hayes utiliza la vívida metáfora de un “sonido sordo en la montaña” para describir los riesgos estructurales profundos que enfrenta actualmente el mercado financiero japonés. Cuando se forma una capa frágil entre la nieve superficial y la corteza de hielo en el fondo, una pequeña presión puede desencadenar una avalancha a gran escala. De manera similar, el mercado financiero japonés parece estable en la superficie, pero oculta una crisis en su interior.
La persistente debilidad del yen y el aumento sincronizado en los rendimientos de los bonos japoneses crean una combinación rara y peligrosa. Este fenómeno refleja que la presión estructural en el sistema financiero japonés se está filtrando hacia los mercados globales.
Lógica central
El núcleo de la teoría de Hayes se centra en las posibles vías de intervención de la Reserva Federal. Él propone que, si el yen continúa debilitándose y provoca inestabilidad en el mercado de bonos japonés, la Fed podría intervenir.
En teoría, la Reserva Federal de Nueva York puede crear pasivos de reservas bancarias (es decir, dólares), vendiendo dólares en el mercado de divisas a través de los principales bancos dealers para comprar yenes, y luego usar esos yenes para comprar bonos japoneses. Esta operación lograría tres objetivos simultáneamente: elevar el tipo de cambio del yen, reducir los rendimientos de los bonos japoneses y, en la práctica, expandir el balance de la Reserva Federal.
Lo crucial es que, aunque esta intervención ampliaría el balance de la Fed, podría hacerse “de manera legítima” sin que se etiquete como una expansión cuantitativa. Pero, en cualquier caso, su resultado sería inyectar nueva liquidez en dólares en el sistema.
Estado actual del mercado
El mercado actual se encuentra en una encrucijada clave. Las autoridades japonesas son muy sensibles a la zona de los 160 yenes por dólar, nivel que en 2024 desencadenó intervenciones por parte de Japón.
El pasado viernes, un representante de la Reserva Federal de Nueva York realizó una verificación de tipos de cambio en nombre del Departamento del Tesoro de EE. UU., siendo la señal más fuerte de posible intervención en el mercado de divisas desde la coordinación del G7 tras el gran terremoto de Japón en 2011. El índice del dólar sufrió su mayor caída semanal desde abril del año pasado, mientras que el yen se fortaleció por primera vez en cuatro meses. Estas volatilidades indican que los operadores están comenzando a valorar la probabilidad de intervención.
Al mismo tiempo, el Banco de Japón enfrenta un dilema: debe frenar la rápida depreciación del yen sin enviar señales de política demasiado agresivas que puedan disparar los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Motivaciones para la intervención
Hayes señala que la motivación de EE. UU. para participar en una intervención no solo es apoyar a sus aliados, sino también proteger sus propios intereses.
Los inversores japoneses son uno de los mayores tenedores de bonos del Tesoro estadounidense, con una cartera de activos de deuda exterior que alcanza los 2.4 billones de dólares, en su mayoría invertidos en bonos del Tesoro de EE. UU. Si las instituciones japonesas venden estos bonos para repatriar fondos debido a la subida de los rendimientos internos, aumentarán los costos de endeudamiento en EE. UU.
Además, una depreciación significativa del yen dañaría la competitividad de las exportaciones estadounidenses a nivel global. Un yen estable pero no demasiado fuerte favorece los intereses estratégicos de EE. UU., especialmente considerando la política de “Estados Unidos primero” promovida por la administración Trump. El ministro de Finanzas japonés, Aso Taro, y el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, han mantenido una postura coordinada en temas de tipos de cambio, sentando las bases para posibles acciones conjuntas.
Impacto en Bitcoin
Hayes cree que las condiciones monetarias y de liquidez globales, más que el sentimiento específico del mercado de criptomonedas o los flujos de fondos en ETF, serán los principales impulsores del próximo ciclo alcista de Bitcoin. Según su análisis, si la Fed expande su balance mediante la intervención en el mercado del yen y los bonos japoneses, la nueva liquidez en dólares buscará activos escasos, siendo Bitcoin uno de los principales beneficiados.
Los datos del mercado en la plataforma Gate muestran que, hasta el 28 de enero de 2026, el precio de Bitcoin era de $89,276, con una capitalización de mercado de 1.78 billones de dólares y una participación del 56.33%. El mercado de Bitcoin ha estado muy activo recientemente, alcanzando brevemente los 91,000 dólares en la madrugada del 24 de enero, con volatilidad que provocó liquidaciones masivas, incluyendo la liquidación de una posición corta de un trader por aproximadamente 60 millones de dólares.
Estrategia de trading
Frente a esta posible transición, Hayes ha ajustado su estrategia de posiciones. Ha revelado que, antes de la reciente volatilidad del yen, redujo sus posiciones apalancadas en Bitcoin proxy. Deja claro que no aumentará su exposición al riesgo hasta que confirme que la Fed realmente está inyectando liquidez para estabilizar el mercado del yen y los bonos japoneses.
El fondo Maelstrom, gestionado por Hayes, continúa aumentando su posición en Zcash ($ZEC) y mantiene otras tenencias en tokens DeFi de alta calidad. Si se confirma la intervención de la Fed, el fondo planea incrementar su inversión en tokens DeFi como ENA, ETHFI, PENDLE y LDO.
Cuando el índice del dólar sufrió su mayor caída semanal desde abril del año pasado, las curvas de precios del yen y Bitcoin en los gráficos de Gate comenzaron a mostrar una relación sutil. Hayes observa los cambios en la categoría de “activos denominados en moneda extranjera” del balance de la Fed, creyendo que esta cuenta aparentemente insignificante podría ser la señal de partida para la próxima tendencia en el mercado de criptomonedas. La operación de verificación de tipos de cambio de la Reserva Federal ya envió la primera señal. El mercado está en espera, a la espera de cuándo se abrirá oficialmente esta vía de inyección de liquidez no convencional, y entonces, las curvas en los gráficos de Bitcoin podrían volver a confirmar la antigua ley de los flujos de capital global: el agua siempre fluye hacia abajo y el dinero hacia arriba.