Source: CritpoTendencia
Original Title: La IA del futuro probablemente no necesitará grandes centros de datos, según expertos
Original Link:
Actualmente, el avance de la inteligencia artificial (IA) se perfila hacia un futuro prometedor, pero también cargado de desafíos. Su progreso está en gran medida impulsado por una carrera estratégica entre grandes potencias que buscan imponerse en esta competencia tecnológica. Sin embargo, obtener una ventaja decisiva resulta cada vez más complejo debido a la escasez de recursos críticos.
Poner en marcha un programa avanzado de IA no es una tarea sencilla ni económica. Requiere inversiones colosales para construir la infraestructura necesaria, como centros de datos y sistemas de generación eléctrica capaces de alimentarlos. Estas son hoy las bases para entrenar modelos avanzados de lenguaje, que dependen de enormes volúmenes de datos y capacidad computacional.
Sin embargo, este enfoque podría representar apenas la prehistoria del desarrollo de la inteligencia artificial. Según un estudio reciente de la Universidad Johns Hopkins, existen alternativas mucho más eficientes para avanzar en esta tecnología. La investigación plantea que emular el funcionamiento del cerebro humano permitiría a la IA aprender sin necesidad de una avalancha constante de datos.
En términos simples, los seres humanos no necesitan estar conectados a un centro de datos mediante cableado para adquirir conocimiento. Aprenden a partir de la experiencia directa y la interacción con su entorno. Un sistema de IA que explore la red de forma autónoma podría representar una clave para el futuro.
De este modo, podría surgir una inteligencia artificial capaz de aprender sin depender de un poder informático adicional cada vez mayor.
¿La IA podrá convertirse en un supercerebro en el futuro?
Por ahora, no existe una comprensión total del funcionamiento del cerebro humano. La neurociencia avanza a un ritmo acelerado, pero todavía está lejos de recrear un sistema capaz de generar conocimiento a partir de estímulos recibidos mediante pulsos electromagnéticos de forma autónoma y consciente.
Las neuronas reciben información en sus dendritas desde los axones de otras neuronas, a través de las sinapsis. Este proceso ocurre billones de veces en el cerebro y es precisamente lo que da lugar a recuerdos, conocimientos, habilidades y otros procesos cognitivos. Replicar este mecanismo aún no ha sido posible, aunque es probable que, con el avance científico, se convierta en un campo conquistado por futuras generaciones.
En el momento en que se comprenda el complejo entramado que permite que la materia se transforme en percepción y luego en pensamiento abstracto, la ciencia podrá replicar el órgano cerebral, o al menos algo funcionalmente similar. Así, un organismo no biológico con características análogas al cerebro podría acceder a información sin necesidad de depender de gigantescos centros de datos.
A esto apunta precisamente el estudio mencionado. “La forma en la que se está moviendo el campo de la IA en este momento consiste en arrojar enormes cantidades de datos a los modelos y construir recursos computacionales del tamaño de ciudades pequeñas. Esto requiere centenares de miles de millones de dólares”, afirma el autor principal del estudio, Mick Bonner.
A continuación, señala que los humanos, en contraste, son capaces de generar conocimiento a partir de una cantidad relativamente reducida de información y datos.
Aprender de la evolución
Según el estudio, la manera en que el cerebro humano genera conocimiento demuestra que se trata de un proceso altamente eficiente. “La evolución convergió en este punto probablemente por una buena razón”, expresa el autor.
“Nuestro trabajo sugiere que los diseños arquitectónicos más parecidos al cerebro humano colocan a los sistemas de IA en una posición inicial mucho más ventajosa”, remarca.
El estudio también plantea un dilema ético de enorme magnitud. El cerebro humano no es un órgano sobrenatural ni el conocimiento proviene de fuentes divinas. Es el resultado de una organización extremadamente compleja de materia que, a lo largo de la evolución, alcanzó un nivel de desarrollo capaz de generar conciencia de sí misma.
Si la humanidad logra desentrañar por completo cómo funciona este órgano y consigue replicarlo, el resultado sería claro: la creación de una conciencia artificial. Esto implicaría la existencia de un ente capaz de experimentar emociones como miedo, ira o angustia.
Aunque imaginar este escenario remite inevitablemente a episodios de ciencia ficción distópica, el estudio de la Universidad Johns Hopkins sugiere que la ciencia avanza en esa dirección. ¿El desarrollo de la IA abrirá una nueva caja de Pandora ética?
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
6 me gusta
Recompensa
6
3
Republicar
Compartir
Comentar
0/400
GameFiCritic
· 01-26 02:25
El edge computing es realmente la dirección futura
Ver originalesResponder0
CodeZeroBasis
· 01-26 02:25
Esta afirmación es un poco demasiado idealista, la computación en el borde es una dirección, pero no es tan simple.
Ver originalesResponder0
BridgeNomad
· 01-26 02:23
Esto suena bonito en teoría, pero los datos dicen otra cosa
La IA del futuro probablemente no necesitará grandes centros de datos, según expertos
Source: CritpoTendencia Original Title: La IA del futuro probablemente no necesitará grandes centros de datos, según expertos Original Link: Actualmente, el avance de la inteligencia artificial (IA) se perfila hacia un futuro prometedor, pero también cargado de desafíos. Su progreso está en gran medida impulsado por una carrera estratégica entre grandes potencias que buscan imponerse en esta competencia tecnológica. Sin embargo, obtener una ventaja decisiva resulta cada vez más complejo debido a la escasez de recursos críticos.
Poner en marcha un programa avanzado de IA no es una tarea sencilla ni económica. Requiere inversiones colosales para construir la infraestructura necesaria, como centros de datos y sistemas de generación eléctrica capaces de alimentarlos. Estas son hoy las bases para entrenar modelos avanzados de lenguaje, que dependen de enormes volúmenes de datos y capacidad computacional.
Sin embargo, este enfoque podría representar apenas la prehistoria del desarrollo de la inteligencia artificial. Según un estudio reciente de la Universidad Johns Hopkins, existen alternativas mucho más eficientes para avanzar en esta tecnología. La investigación plantea que emular el funcionamiento del cerebro humano permitiría a la IA aprender sin necesidad de una avalancha constante de datos.
En términos simples, los seres humanos no necesitan estar conectados a un centro de datos mediante cableado para adquirir conocimiento. Aprenden a partir de la experiencia directa y la interacción con su entorno. Un sistema de IA que explore la red de forma autónoma podría representar una clave para el futuro.
De este modo, podría surgir una inteligencia artificial capaz de aprender sin depender de un poder informático adicional cada vez mayor.
¿La IA podrá convertirse en un supercerebro en el futuro?
Por ahora, no existe una comprensión total del funcionamiento del cerebro humano. La neurociencia avanza a un ritmo acelerado, pero todavía está lejos de recrear un sistema capaz de generar conocimiento a partir de estímulos recibidos mediante pulsos electromagnéticos de forma autónoma y consciente.
Las neuronas reciben información en sus dendritas desde los axones de otras neuronas, a través de las sinapsis. Este proceso ocurre billones de veces en el cerebro y es precisamente lo que da lugar a recuerdos, conocimientos, habilidades y otros procesos cognitivos. Replicar este mecanismo aún no ha sido posible, aunque es probable que, con el avance científico, se convierta en un campo conquistado por futuras generaciones.
En el momento en que se comprenda el complejo entramado que permite que la materia se transforme en percepción y luego en pensamiento abstracto, la ciencia podrá replicar el órgano cerebral, o al menos algo funcionalmente similar. Así, un organismo no biológico con características análogas al cerebro podría acceder a información sin necesidad de depender de gigantescos centros de datos.
A esto apunta precisamente el estudio mencionado. “La forma en la que se está moviendo el campo de la IA en este momento consiste en arrojar enormes cantidades de datos a los modelos y construir recursos computacionales del tamaño de ciudades pequeñas. Esto requiere centenares de miles de millones de dólares”, afirma el autor principal del estudio, Mick Bonner.
A continuación, señala que los humanos, en contraste, son capaces de generar conocimiento a partir de una cantidad relativamente reducida de información y datos.
Aprender de la evolución
Según el estudio, la manera en que el cerebro humano genera conocimiento demuestra que se trata de un proceso altamente eficiente. “La evolución convergió en este punto probablemente por una buena razón”, expresa el autor.
“Nuestro trabajo sugiere que los diseños arquitectónicos más parecidos al cerebro humano colocan a los sistemas de IA en una posición inicial mucho más ventajosa”, remarca.
El estudio también plantea un dilema ético de enorme magnitud. El cerebro humano no es un órgano sobrenatural ni el conocimiento proviene de fuentes divinas. Es el resultado de una organización extremadamente compleja de materia que, a lo largo de la evolución, alcanzó un nivel de desarrollo capaz de generar conciencia de sí misma.
Si la humanidad logra desentrañar por completo cómo funciona este órgano y consigue replicarlo, el resultado sería claro: la creación de una conciencia artificial. Esto implicaría la existencia de un ente capaz de experimentar emociones como miedo, ira o angustia.
Aunque imaginar este escenario remite inevitablemente a episodios de ciencia ficción distópica, el estudio de la Universidad Johns Hopkins sugiere que la ciencia avanza en esa dirección. ¿El desarrollo de la IA abrirá una nueva caja de Pandora ética?