La liquidez se retira: cuando la Fed "decepciona" y el BoJ "desata" el efecto dominó

La Fed recorta las tasas, pero el mercado solo ve restricciones futuras

El 11 de diciembre, la Reserva Federal estadounidense realizó el movimiento esperado: 25 puntos básicos menos. Sobre el papel, todo parecía seguir el guion: las expectativas del mercado estaban alineadas, la maniobra parecía el primer paso hacia una fase más acomodaticia. Pero la realidad fue completamente diferente: acciones estadounidenses y criptomonedas cayeron juntas, y la propensión al riesgo se evaporó en pocas horas.

Esta paradoja revela algo fundamental: una reducción de tasas no significa automáticamente más liquidez en circulación. La verdadera noticia no estaban en los 25 puntos básicos, sino en lo que la Fed negó explícitamente al mirar hacia 2026. Si antes el mercado valoraba 2-3 recortes adicionales para ese año, las nuevas proyecciones indican apenas 1 recorte. Aún más significativo: 3 de los 12 votantes se opusieron al recorte mismo – una señal clara de que el miedo a la inflación todavía está vivo entre los decisores.

La lógica es sutil pero determinante. Los inversores no evalúan los activos riesgosos en función del nivel absoluto de las tasas, sino de las expectativas sobre la liquidez futura. Cuando se dan cuenta de que este recorte representa un límite, no una apertura, las posiciones construidas sobre escenarios optimistas comienzan a desinflarse. Es como tomar un analgésico que cubre temporalmente el síntoma sin curar la enfermedad: el mercado siente alivio temporal, pero la duda permanece.

Bitcoin y los otros principales activos cripto han sufrido presión no porque recibieran malas noticias específicas, sino porque la única noticia que importaba – la llegada de liquidez abundante – simplemente no existía. Cuando los basis de los futuros se estrechan, las compras marginales de los fondos cotizados se debilitan, la voluntad de asumir riesgos en general disminuye. Los precios naturalmente se estabilizan en niveles más conservadores.

El verdadero punto de inflexión: la BoJ rompe el tabú del yen barato

Si la Fed solo decepcionó las expectativas, el Banco de Japón el 19 de diciembre hará algo mucho más disruptivo. Con una probabilidad cercana al 90%, la tasa de política subirá de 0,50% a 0,75% – el nivel más alto en los últimos treinta años.

Parece un ajuste modesto sobre el papel, pero encierra un cataclismo estructural para el sistema financiero global. Desde décadas, Japón ha sido la mina de financiamiento de bajo costo para los capitales internacionales: los inversores toman prestados yen casi a coste cero, los convierten en dólares y los invierten en acciones estadounidenses, criptomonedas y activos de alto rendimiento en mercados emergentes. Esto no es un arbitraje a corto plazo, sino una estructura de capitales de trillones de dólares, tan integrada en el precio de todos los activos que nadie la percibe como un riesgo.

Una vez que la BoJ entre en ciclo de subida, esta hipótesis se desmorona. No solo sube el coste del financiamiento – es el yen mismo que, de ser una moneda de financiamiento, se convierte en un potencial activo de apreciación. De repente, el diferencial de tasa (el “carry”) ya no es una ganancia segura, sino que viene acompañado del riesgo de cambio. La relación riesgo/rendimiento se deteriora rápidamente.

¿Entonces qué hacen los capitales de arbitraje? Venden todo. No distinguen entre calidad de los activos, fundamentales o perspectivas – venden solo para reducir la exposición total y pagar la deuda en yenes. Acciones de EE. UU., criptomonedas, bonos de mercados emergentes: todo cae junto. Es una “venta indiscriminada” porque el motor no es la valoración, sino la necesidad mecánica de desligarse del apalancamiento.

La historia ya ha mostrado esta película. En agosto de 2024, cuando la BoJ subió la tasa al 0,25% – un movimiento que tradicionalmente no sería ni agresivo – Bitcoin cayó un 18% en un día. El mercado tardó casi tres semanas en recuperarse, no porque las bases hubieran cambiado, sino porque la máquina de carry trade debía liberarse del apalancamiento acumulado.

Esta vez no es un evento inesperado, pero el mercado ya sabe que el riesgo es real – y eso es precisamente lo que hace que el peligro sea aún más agudo. Las expectativas no siempre se traducen en una asunción total del riesgo.

Diciembre: cuando las vacaciones se convierten en un multiplicador de caídas

Desde el 23 de diciembre, los grandes inversores institucionales norteamericanos entran en modo vacaciones navideñas. A simple vista, solo es un hecho de calendario, pero para los mercados cripto significa algo devastador: la liquidez estructural desaparece en el momento más peligroso.

Durante una semana normal, si ocurriera un shock, habría market makers, fondos de arbitraje, inversores dispuestos a proporcionar contraparte y absorber la presión de venta. Los precios podrían caer, pero de forma gradual, con espacio para recalibrar.

Las vacaciones de Navidad cambian las reglas. Menos liquidez significa menos capacidad de absorción. Un shock que normalmente se distribuye en días de trading se comprime en horas. Los precios no encuentran equilibrio gradualmente, sino que hacen saltos violentos hacia abajo.

Y el momento es terrible: las vacaciones coinciden exactamente con la liberación simultánea de dos incertidumbres macro – la señal “tasas en descenso pero futuras mucho más limitadas” de la Fed, y el aumento de la BoJ. En circunstancias normales, el mercado tendría semanas para digerir estos cambios. En diciembre, todo se enfrenta en una ventana de liquidez muy delgada.

El resultado es el efecto amplificador: cuando la oferta de venta toca un mercado poco profundo, la cascada se vuelve casi mecánica. Una caída de precio fuerza liquidaciones de posiciones apalancadas, que generan aún más presión de venta, amplificada por el vacío de contraparte. La volatilidad explota no porque surja una mala noticia nueva, sino porque las incertidumbres existentes se descargan todas juntas.

Los datos históricos lo confirman: el período del 23 de diciembre a principios de enero siempre muestra una volatilidad superior a la media anual del mercado cripto, independientemente de cómo haya sido el año hasta ese momento.

Cómo bloquear el ciclo de forma natural: estrategias de resiliencia

En este contexto, el primer impulso de los inversores es buscar protección. ¿Cómo “bloquear” este ciclo natural de contracción?

La respuesta más honesta es: no completamente, pero se puede reducir la exposición.

Primero, reducir las posiciones apalancadas antes de que la liquidez desaparezca. Diciembre no es momento para operaciones con alto apalancamiento; es momento de consolidar y reducir riesgos. Los carry traders que esperan hasta el último momento corren el riesgo de quedar atrapados en un cierre forzado.

En segundo lugar, comprender que esto no es una tendencia que invierte, sino una recalibración estructural. Si su horizonte es plurianual, la volatilidad de fin de año es ruido a corto plazo, no el veredicto final. Pero si su marco temporal es mensual, debe respetar el calendario macroeconómico y la física de la liquidez.

En tercer lugar, los inversores institucionales ya están construyendo posiciones defensivas: menos apalancamiento, más efectivo, espera hasta el 2 de enero. Es un enfoque pragmático: no luchar contra la marea, esperar a que se retire.

El panorama general: revaloración, no capitulación

Uniendo las piezas: la corrección cripto actual no es una inversión de tendencia, sino una fase de revaloración desencadenada por el cambio de dirección de la liquidez global.

La Fed recortó tasas pero cerró la puerta a nuevos alivios. La BoJ empieza a apretar, desintegrando la estructura de carry trade que sustentó activos riesgosos durante años. Y el calendario de diciembre comprime todo en una ventana de liquidez muy delgada.

Para los activos con alta valoración y apalancamiento – y muchos cripto caen en esta categoría – la presión es natural, no anómala. Es el mercado que revisa las hipótesis sobre las cuales fundamentaba los precios anteriores.

La verdadera pregunta no es “dónde caerán los precios”, sino “cuándo y cómo volverá la liquidez”. Cuando las oficinas reabran en enero, cuando la BoJ complete su ciclo inicial de subidas, cuando la Fed dé más claridad sobre 2026 – entonces el mercado podrá volver a construir una narrativa.

Por ahora, diciembre sigue siendo el mes en que el ciclo natural de la liquidez global se contrae, y los activos cripto, por su naturaleza sensible a los flujos de capital, lo sienten primero. No es un veredicto, es una presión temporal. El medio plazo dependerá de cómo estas variables macro se concreten en los meses venideros.

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