Juego de monedas digitales: La nueva posición en la competencia estratégica de las grandes potencias

Cuando la economía global acelera su entrada en la era digital, las criptomonedas se han convertido en un nuevo campo de competencia entre países. Una serie de recientes ajustes políticos indican que Estados Unidos está promoviendo la institucionalización y legalización de la industria de activos digitales, intentando reconstruir la hegemonía en este campo emergente. Esta competencia involucra regulación financiera, innovación tecnológica y una profunda transformación del sistema monetario internacional.

De la presión de la deuda a la elección estratégica

La situación actual de Estados Unidos es evidente. La deuda federal ha superado los 36 billones de dólares, con una relación deuda/PIB superior al 120%. Los inversores extranjeros están reduciendo continuamente sus tenencias de bonos estadounidenses, una tendencia que amenaza directamente la credibilidad del dólar en el sistema financiero global.

En este contexto, la incorporación de activos digitales como Bitcoin y Ethereum en las reservas estratégicas nacionales tiene un significado especial. Al posicionar estos activos digitales como “oro digital”, no solo se busca gestionar riesgos, sino también atraer capital global y redefinir la atracción de los activos en dólares. Esta estrategia intenta, en la era de la economía digital, prolongar la hegemonía mediante nuevas formas en este proceso histórico.

Innovación institucional y estímulos de mercado

Para mantener la posición de liderazgo en el ámbito financiero digital, se han realizado ajustes importantes en el marco político. La legislación clave (como la Ley GENIUS y la Ley L-G) clarifica el marco regulatorio de las stablecoins, exigiendo que mantengan una paridad 1:1 con el dólar, además de simplificar los estándares de clasificación de activos digitales y reducir obstáculos legales para la participación de instituciones financieras.

Al mismo tiempo, ya se ha puesto en marcha un plan de reserva criptográfica a nivel nacional. Se prevé que en los próximos 5 años se acumulen 1 millón de bitcoins, creando una “fortaleza digital”. Estos activos provienen principalmente de confiscaciones judiciales, con el compromiso del gobierno de mantenerlos a largo plazo, otorgándoles una posición estratégica similar a la de las reservas de oro.

Estas medidas también incluyen la creación de un organismo de coordinación interinstitucional, que integre a la SEC(, CFTC) y al Departamento del Tesoro, acelerando la construcción del marco regulatorio y evitando confusiones políticas por superposiciones de autoridad.

Expansión de plataformas y estímulos a la industria

Un entorno regulatorio flexible ha atraído a grandes empresas de criptomonedas a ampliar sus operaciones en Estados Unidos. Plataformas principales como Coinbase han crecido rápidamente, generando miles de empleos. Más aún, la industria criptográfica se ha convertido en una fuerza importante en la formulación de políticas, mediante donaciones políticas y cabildeo (que superan los 200 millones de dólares), haciendo que los temas de activos digitales sean cada vez más un consenso bipartidista.

Otra tendencia destacada es la expansión global de las stablecoins en dólares (como USDC). Estas stablecoins emitidas en EE. UU. en realidad construyen una nueva red de circulación del dólar: los usuarios en el extranjero compran stablecoins, y los emisores deben reservar dólares o bonos estadounidenses equivalentes en bancos estadounidenses como respaldo. Esto extiende de forma indirecta el sistema de hegemonía del dólar a las redes blockchain, formando un nuevo mecanismo de captación de capital.

Intensificación de la competencia internacional

Sin embargo, la competencia internacional que enfrenta EE. UU. es mucho más compleja de lo que se esperaba. La UE ha lanzado un marco de regulación más estricto para los mercados de activos digitales(MiCA), estableciendo altos umbrales para la emisión de stablecoins y limitando la expansión del dólar estable en Europa. Además, países como Singapur y Corea del Sur han desarrollado sus propios sistemas regulatorios específicos, y la falta de estándares globales obliga a las empresas estadounidenses a afrontar mayores costos de cumplimiento.

El desafío más profundo proviene de la aceleración de la tendencia de “desdolarización”. Las economías emergentes están promoviendo la diversificación monetaria en los pagos transfronterizos, y los proyectos de colaboración internacional en monedas digitales de bancos centrales(CBDC) aumentan cada vez más. Estas nuevas redes de pago ya no dependen completamente del dólar, lo que amenaza directamente el monopolio del dólar como moneda de liquidación global.

Contradicciones internas y riesgos potenciales

La fragmentación regulatoria interna en EE. UU. también limita la efectividad de esta estrategia. Las diferencias en la clasificación de los activos digitales entre la SEC y la CFTC, así como las disparidades en los estándares regulatorios estatales (Wyoming fomenta la innovación, Nueva York mantiene una regulación estricta), crean obstáculos para las operaciones empresariales.

Lo que preocupa aún más son la alta volatilidad, los debates sobre consumo energético y los riesgos de ilegalidad que siguen pesando sobre el mercado de criptomonedas. La incorporación masiva de estos activos de alto riesgo en las reservas nacionales podría representar una amenaza sistémica para el sistema financiero estadounidense. Una volatilidad extrema en el mercado podría tener consecuencias catastróficas.

Incertidumbre en la estrategia a largo plazo

A corto plazo, esta estrategia puede fortalecer la ventaja de EE. UU. en el mercado, revitalizando el sistema del dólar mediante el impulso de la industria. Pero a largo plazo, si no se superan estos obstáculos internos y externos, el resultado sigue siendo incierto.

Si la confianza en el dólar continúa deteriorándose, activos de reserva como Bitcoin podrían evolucionar en herramientas de refugio independientes del dólar, debilitando su función como extensión del dólar. La fragmentación de las reglas globales también podría obligar a las empresas a afrontar regulaciones más complejas, ralentizando la innovación.

En la era de la economía digital, el concepto tradicional de hegemonía está siendo redefinido. Ya no depende únicamente de poder militar o económico, sino cada vez más de quién puede establecer estándares tecnológicos, controlar las reglas de gobernanza y formar alianzas internacionales. Estados Unidos está utilizando las criptomonedas como una nueva herramienta para intentar tomar la iniciativa en esta redistribución global del poder. Sin embargo, el rumbo final de esta competencia sigue lleno de incertidumbre y desafíos.

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