Para los inversores en criptomonedas, una lógica repetida una y otra vez es: la relajación de la política monetaria por parte de los bancos centrales equivale a una subida de los activos criptográficos. Esta narrativa parece intuitiva y fácil de aceptar, pero a menudo no resiste un análisis detallado. La reciente volatilidad del mercado nos recuerda que es necesario adoptar una perspectiva más rigurosa para examinar la hipótesis general de que “una política monetaria expansiva es beneficiosa para las criptomonedas”.
La trampa lógica de las narrativas dominantes
La afirmación más común en el mercado es: recortes de tasas, expansión de balance y caída en los rendimientos empujan a los inversores hacia los extremos de la curva de riesgo, y las criptomonedas están precisamente en el extremo más lejano de esa curva. Esta lógica se vio reforzada en épocas extremas como 2020, pero en realidad ignora un problema clave: nuestra percepción de la relación entre criptomonedas y la flexibilización cuantitativa proviene en su mayoría de inferencias de períodos especiales, y no de una experiencia histórica sólida.
De hecho, en toda la historia de las criptomonedas, los entornos de liquidez que cumplen con la definición tradicional de “flexibilización cuantitativa” son muy pocos. Bitcoin nació en 2009, pero en ese momento no existía una estructura de mercado significativa ni infraestructura de trading. Incluso durante la segunda ronda de flexibilización cuantitativa (2010-2012), las criptomonedas seguían siendo un experimento de tamaño muy reducido, dominado por minoristas. Solo en la tercera fase de flexibilización (2012-2014) se produjo por primera vez una superposición entre una “expansión continua del balance” y un mercado activo de criptomonedas, pero en ese momento la muestra era demasiado pequeña y la relación señal-ruido demasiado baja.
La época de “normalización” olvidada
Aquí hay una historia ampliamente ignorada. Tras la tercera fase de flexibilización cuantitativa, durante mucho tiempo (2014-2019), la Reserva Federal mantuvo estable su balance, incluso intentando reducir su tamaño. En este período de “no expansión”, las criptomonedas experimentaron ciclos de gran magnitud. Este hecho por sí solo debería advertirnos: “Imprimir dinero = subida de criptomonedas” es una ecuación demasiado simplificada. La liquidez ciertamente importa, pero no es el único factor que impulsa los precios.
Los datos más malinterpretados
El período de 2020-2022, durante la pandemia, mostró claramente un escenario de “exceso de liquidez, rendimientos sin lugar donde ir”, y el mercado de criptomonedas reaccionó con fuerza. Pero este período fue en esencia especial: políticas de relajación de emergencia, estímulos fiscales masivos, cambios en el comportamiento social provocados por restricciones — todos estos factores conformaron un entorno extraordinario. Esto demuestra que tal fenómeno existe, pero no puede considerarse una regla general.
Luego vino la reducción de la flexibilización cuantitativa (2022-2025), que complicó aún más las cosas. Tras detener la flexibilización cuantitativa, la Reserva Federal anunció recientemente que comenzaría en diciembre a comprar unos 400 mil millones de dólares en bonos del Tesoro a corto plazo, pero lo hizo claramente en el marco de “gestión de reservas” y “operaciones de estabilidad del mercado monetario”, no como una nueva ronda de estímulo. Esta distinción es crucial, porque los mercados negocian la dirección y los cambios marginales en la liquidez, no las etiquetas que les pongamos a las políticas.
Los cuatro dimensiones de la liquidez
Cuando hablamos de que “una política expansiva favorece a las criptomonedas”, debemos distinguir cuatro factores diferentes, ya que no siempre cambian en sincronía:
Primero, la expansión del balance — es la más intuitiva, pero también la más sobrevalorada. El mercado de criptomonedas suele reaccionar antes de que los bancos centrales dejen claro que están comprando bonos.
Segundo, las expectativas de recorte de tasas y los recortes reales — esto resulta más atractivo para activos a largo plazo, ya que reduce la tasa de descuento de los flujos futuros de efectivo. La reacción de las criptomonedas a la caída de los rendimientos suele ser bastante estable.
Tercero, la tendencia del dólar — cuando el dólar se debilita, los activos denominados en dólares tienden a beneficiarse. Esto suele alinearse con la expansión del balance, pero no siempre ocurre simultáneamente.
Cuarto, el ánimo de riesgo — quizás el factor más difícil de predecir. Incluso con liquidez abundante, si aumenta el aversión al riesgo en el mercado, las criptomonedas pueden caer.
La dinámica de las expectativas del mercado
Un fenómeno frecuentemente pasado por alto es que, el mercado rara vez espera a que la liquidez realmente llegue; en cambio, empieza a negociar la dirección de la política mucho antes de que los datos reflejen esa tendencia. Esto es especialmente cierto en las criptomonedas, que tienden a reaccionar a las expectativas — como cambios en el tono de los bancos centrales, señales en las políticas de balance, o cambios en las expectativas de las tasas de interés — en lugar de responder a la compra gradual de activos en realidad.
Por eso, los precios de las criptomonedas suelen adelantarse a la caída de los rendimientos, a la debilidad del dólar, e incluso a cualquier expansión sustancial del balance del banco central. En otras palabras, el mercado de criptomonedas es muy sensible a los cambios en las expectativas de política, pero esta sensibilidad es inestable, ya que se basa en previsiones que pueden ser reescritas en cualquier momento.
La naturaleza diferente del ciclo actual
Este ciclo difiere fundamentalmente del de 2020. No vemos políticas de relajación de emergencia, ni una expansión masiva del gasto fiscal, ni caídas abruptas en los rendimientos. Lo que observamos es una normalización marginal de la política — tras un largo período de contracción, el entorno sistémico se ha vuelto ligeramente más flexible.
Para el mercado de criptomonedas, esto no significa que los precios suban de inmediato, sino que el entorno está cambiando sutilmente. Cuando la liquidez deja de ser un obstáculo, los activos en los extremos de la curva de riesgo no necesitan hacer movimientos sorprendentes; a menudo, simplemente se comportan bien porque el entorno del mercado finalmente lo permite.
La volatilidad a corto plazo sigue predominando
Aunque un entorno de relajación financiera aumenta la probabilidad de que activos de alta beta como las criptomonedas obtengan rendimientos positivos, esto no garantiza el momento ni la magnitud de esas ganancias. A corto plazo, los precios de las criptomonedas siguen siendo muy sensibles a las emociones del mercado y a las posiciones de los inversores, y su comportamiento depende no solo de la política macroeconómica, sino también del apalancamiento y del comportamiento de los participantes.
Los datos históricos apoyan una relación direccional, no determinista: un entorno expansivo favorece el rendimiento de los activos criptográficos, pero esto es una ventaja probabilística, no una garantía absoluta. La liquidez ayuda, pero no puede prevalecer sobre todos los demás factores que influyen. El mercado sigue necesitando equilibrar expectativas, riesgo, análisis técnico y ciclos macroeconómicos múltiples.
En resumen, la influencia de la política expansiva en las criptomonedas existe, pero es mucho más compleja que la narrativa dominante la presenta.
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Criptomonedas en un entorno relajado: la distancia entre las expectativas y la realidad
Para los inversores en criptomonedas, una lógica repetida una y otra vez es: la relajación de la política monetaria por parte de los bancos centrales equivale a una subida de los activos criptográficos. Esta narrativa parece intuitiva y fácil de aceptar, pero a menudo no resiste un análisis detallado. La reciente volatilidad del mercado nos recuerda que es necesario adoptar una perspectiva más rigurosa para examinar la hipótesis general de que “una política monetaria expansiva es beneficiosa para las criptomonedas”.
La trampa lógica de las narrativas dominantes
La afirmación más común en el mercado es: recortes de tasas, expansión de balance y caída en los rendimientos empujan a los inversores hacia los extremos de la curva de riesgo, y las criptomonedas están precisamente en el extremo más lejano de esa curva. Esta lógica se vio reforzada en épocas extremas como 2020, pero en realidad ignora un problema clave: nuestra percepción de la relación entre criptomonedas y la flexibilización cuantitativa proviene en su mayoría de inferencias de períodos especiales, y no de una experiencia histórica sólida.
De hecho, en toda la historia de las criptomonedas, los entornos de liquidez que cumplen con la definición tradicional de “flexibilización cuantitativa” son muy pocos. Bitcoin nació en 2009, pero en ese momento no existía una estructura de mercado significativa ni infraestructura de trading. Incluso durante la segunda ronda de flexibilización cuantitativa (2010-2012), las criptomonedas seguían siendo un experimento de tamaño muy reducido, dominado por minoristas. Solo en la tercera fase de flexibilización (2012-2014) se produjo por primera vez una superposición entre una “expansión continua del balance” y un mercado activo de criptomonedas, pero en ese momento la muestra era demasiado pequeña y la relación señal-ruido demasiado baja.
La época de “normalización” olvidada
Aquí hay una historia ampliamente ignorada. Tras la tercera fase de flexibilización cuantitativa, durante mucho tiempo (2014-2019), la Reserva Federal mantuvo estable su balance, incluso intentando reducir su tamaño. En este período de “no expansión”, las criptomonedas experimentaron ciclos de gran magnitud. Este hecho por sí solo debería advertirnos: “Imprimir dinero = subida de criptomonedas” es una ecuación demasiado simplificada. La liquidez ciertamente importa, pero no es el único factor que impulsa los precios.
Los datos más malinterpretados
El período de 2020-2022, durante la pandemia, mostró claramente un escenario de “exceso de liquidez, rendimientos sin lugar donde ir”, y el mercado de criptomonedas reaccionó con fuerza. Pero este período fue en esencia especial: políticas de relajación de emergencia, estímulos fiscales masivos, cambios en el comportamiento social provocados por restricciones — todos estos factores conformaron un entorno extraordinario. Esto demuestra que tal fenómeno existe, pero no puede considerarse una regla general.
Luego vino la reducción de la flexibilización cuantitativa (2022-2025), que complicó aún más las cosas. Tras detener la flexibilización cuantitativa, la Reserva Federal anunció recientemente que comenzaría en diciembre a comprar unos 400 mil millones de dólares en bonos del Tesoro a corto plazo, pero lo hizo claramente en el marco de “gestión de reservas” y “operaciones de estabilidad del mercado monetario”, no como una nueva ronda de estímulo. Esta distinción es crucial, porque los mercados negocian la dirección y los cambios marginales en la liquidez, no las etiquetas que les pongamos a las políticas.
Los cuatro dimensiones de la liquidez
Cuando hablamos de que “una política expansiva favorece a las criptomonedas”, debemos distinguir cuatro factores diferentes, ya que no siempre cambian en sincronía:
Primero, la expansión del balance — es la más intuitiva, pero también la más sobrevalorada. El mercado de criptomonedas suele reaccionar antes de que los bancos centrales dejen claro que están comprando bonos.
Segundo, las expectativas de recorte de tasas y los recortes reales — esto resulta más atractivo para activos a largo plazo, ya que reduce la tasa de descuento de los flujos futuros de efectivo. La reacción de las criptomonedas a la caída de los rendimientos suele ser bastante estable.
Tercero, la tendencia del dólar — cuando el dólar se debilita, los activos denominados en dólares tienden a beneficiarse. Esto suele alinearse con la expansión del balance, pero no siempre ocurre simultáneamente.
Cuarto, el ánimo de riesgo — quizás el factor más difícil de predecir. Incluso con liquidez abundante, si aumenta el aversión al riesgo en el mercado, las criptomonedas pueden caer.
La dinámica de las expectativas del mercado
Un fenómeno frecuentemente pasado por alto es que, el mercado rara vez espera a que la liquidez realmente llegue; en cambio, empieza a negociar la dirección de la política mucho antes de que los datos reflejen esa tendencia. Esto es especialmente cierto en las criptomonedas, que tienden a reaccionar a las expectativas — como cambios en el tono de los bancos centrales, señales en las políticas de balance, o cambios en las expectativas de las tasas de interés — en lugar de responder a la compra gradual de activos en realidad.
Por eso, los precios de las criptomonedas suelen adelantarse a la caída de los rendimientos, a la debilidad del dólar, e incluso a cualquier expansión sustancial del balance del banco central. En otras palabras, el mercado de criptomonedas es muy sensible a los cambios en las expectativas de política, pero esta sensibilidad es inestable, ya que se basa en previsiones que pueden ser reescritas en cualquier momento.
La naturaleza diferente del ciclo actual
Este ciclo difiere fundamentalmente del de 2020. No vemos políticas de relajación de emergencia, ni una expansión masiva del gasto fiscal, ni caídas abruptas en los rendimientos. Lo que observamos es una normalización marginal de la política — tras un largo período de contracción, el entorno sistémico se ha vuelto ligeramente más flexible.
Para el mercado de criptomonedas, esto no significa que los precios suban de inmediato, sino que el entorno está cambiando sutilmente. Cuando la liquidez deja de ser un obstáculo, los activos en los extremos de la curva de riesgo no necesitan hacer movimientos sorprendentes; a menudo, simplemente se comportan bien porque el entorno del mercado finalmente lo permite.
La volatilidad a corto plazo sigue predominando
Aunque un entorno de relajación financiera aumenta la probabilidad de que activos de alta beta como las criptomonedas obtengan rendimientos positivos, esto no garantiza el momento ni la magnitud de esas ganancias. A corto plazo, los precios de las criptomonedas siguen siendo muy sensibles a las emociones del mercado y a las posiciones de los inversores, y su comportamiento depende no solo de la política macroeconómica, sino también del apalancamiento y del comportamiento de los participantes.
Los datos históricos apoyan una relación direccional, no determinista: un entorno expansivo favorece el rendimiento de los activos criptográficos, pero esto es una ventaja probabilística, no una garantía absoluta. La liquidez ayuda, pero no puede prevalecer sobre todos los demás factores que influyen. El mercado sigue necesitando equilibrar expectativas, riesgo, análisis técnico y ciclos macroeconómicos múltiples.
En resumen, la influencia de la política expansiva en las criptomonedas existe, pero es mucho más compleja que la narrativa dominante la presenta.