Una moneda estable con un escudo de vaquero: la digital dólar de Wyoming rompe barreras

Escribir: Andjela Radmilac

Traducido por: Luffy, Foresight News

Durante años, las stablecoins han sido el invento más práctico en el ámbito de las criptomonedas, pero también el más incómodo. Decir que son prácticas, porque convierten la blockchain en un canal de pagos en dólares operando las 24 horas, es cierto; pero también lo es que, a pesar de su visión simple y directa, construir confianza no es tarea fácil.

Para quienes no provienen del mundo cripto, una moneda digital que valga exactamente 1 dólar parece muy confiable, hasta que alguien pregunta: ¿dónde están exactamente las reservas en dólares que la respaldan?

Hoy en día, Wyoming en EE. UU. planea responder a esta pregunta con la «antigua y confiable» estrategia de respaldo crediticio: el sello del gobierno estatal.

Frontier Stable Token (FRNT) es una nueva stablecoin respaldada por dólares, emitida bajo el marco de la legislación estatal, y regulada por la Comisión de Stablecoins de Wyoming. Es también una declaración política directa, aunque con un lenguaje oficial sin adornos, que incluye reglas de adquisición, reuniones públicas y requisitos de reservas. Silicon Valley siempre ha sido experta en pintar un futuro brillante con palabras llamativas, pero Wyoming ha optado por lanzar su stablecoin mediante «actas de reuniones de la comisión adjunta».

Según la comisión, el núcleo de esta moneda es un servicio público: lograr una mayor transparencia en el flujo de fondos, facilitar transacciones más rápidas y crear una stablecoin sostenible que no dependa del entusiasmo personal de un gobernador ni de un modelo de negocio de una empresa específica. Además, buscan responder a la crítica más fuerte que recibe la stablecoin: la falta de transparencia.

Este es el discurso oficial de marketing, pero una pregunta más profunda es: en medio de la discusión sobre «cómo debería ser la forma del dólar digital» por parte del gobierno federal de EE. UU., ¿qué cambios profundos en la economía y la política monetaria revela esta stablecoin?

Una stablecoin construida bajo un modelo de institución pública

Wyoming con su FRNT adopta un sistema de reservas 100%, regido por la legislación estatal, y completamente desvinculado de cualquier moneda digital emitida por la Reserva Federal. En 2025, el estado aprobó la Ley HB0264, que refuerza esta postura: prohíbe a las instituciones gubernamentales aceptar moneda digital del banco central para pagos estatales, y tampoco permite usar fondos públicos para apoyar pruebas o implementaciones de moneda digital del banco central.

Esta definición es crucial, porque la moneda digital del banco central (CBDC) ya se ha convertido en símbolo de dos tipos de ansiedad social. Una, a nivel económico: si las personas pueden poseer directamente la moneda emitida por el banco central, ¿qué pasará con los bancos comerciales? Otra, a nivel cultural: vigilancia, control, y una creciente sensación de que todos los fondos bajo tu nombre podrían estar etiquetados con un «permiso de uso».

Wyoming claramente valora más la dimensión cultural. Su prohibición de CBDC incluye conclusiones de investigaciones legislativas que advierten sobre los riesgos de vigilancia y restricciones de consumo que podrían traer estas monedas digitales. Aunque no compartas esa premisa, se puede entender la estrategia subyacente.

Wyoming quiere transmitir que: si los ciudadanos desean usar dólares digitales en el estado, deben hacerlo a través de mecanismos supervisados por el gobierno estatal, que puedan ser demandados legalmente y discutidos en reuniones públicas mensuales.

Los responsables de la comisión son muy cautelosos en cómo describen la función de FRNT: «FRNT tiene diferencias esenciales con las monedas digitales del banco central, porque adopta un sistema de reservas 100% y no es emitida por el banco central.»

Este punto no es menor. La comisión afirma que la gobernanza de FRNT será completamente pública, con decisiones clave tomadas en reuniones mensuales, y las reglas relacionadas con las instituciones también deberán pasar por un proceso de consulta pública y legal.

En el mundo cripto, la gobernanza suele significar votar en Discord a las 3 de la mañana. Wyoming, en cambio, ofrece un modelo más cercano a lo tradicional: gobernanza bajo un marco de derecho administrativo, con ventajas y desventajas.

Este enfoque también determina que FRNT puede usarse para cualquier propósito legal, sin que el gobierno estatal limite los escenarios de uso debido a cambios políticos.

Explican que cualquier intervención en el uso del token debe basarse en órdenes judiciales u otras autorizaciones legales, no en juicios morales subjetivos. Esta postura respeta los principios de libertad civil y también es práctica: una moneda con una «lista de restricciones de uso» será un objetivo de ataques políticos, pero una moneda que siga los procedimientos legales existentes puede ser más estable y escalable.

Luego, está la innovación en la integración de esta stablecoin en el sistema financiero moderno: los canales de emisión y circulación.

La comisión afirma que el diseño de FRNT busca atender tanto a usuarios minoristas como institucionales. Es fácil imaginar escenarios de uso minorista, especialmente con integraciones con plataformas como Rain, donde la stablecoin puede usarse como una tarjeta de débito. Si los usuarios pueden gastar esta moneda en todos los comercios que acepten Visa, los términos técnicos de blockchain y criptomonedas dejan de ser relevantes.

Para las instituciones y el sector público, los escenarios de uso reflejan más las características de Wyoming. La comisión quiere que las entidades públicas usen FRNT para mejorar la transparencia y eficiencia en la circulación de fondos.

Citan como ejemplo que en julio de 2025, Wyoming realizó una prueba de pagos casi en tiempo real a contratistas del gobierno mediante su sistema de moneda digital. La entidad afirma que esta función será muy útil en situaciones de desastre, donde la velocidad de pago y la liquidez son cruciales.

Quizá pienses que esto es solo un escenario minorista, pero hay que entender que todos los nuevos canales de pago comienzan en nichos y, eventualmente, se vuelven masivos.

Una stablecoin que sirva a los traders es solo el primer paso; una que pueda usarse para pagos de salarios, pagos a contratistas y respuesta a emergencias, ya tiene la infraestructura básica.

¿Para quién son los beneficios?

Las stablecoins suelen promocionarse como una tecnología de pagos, pero su lógica económica se asemeja más a la de los bancos: captar depósitos en dólares, mantener activos de bajo riesgo y obtener intereses.

Wyoming no oculta su plan para esas ganancias por intereses. En su «nota informativa», la comisión describe en detalle la estructura de reservas legales: incluye requisitos de colateralización excesiva, y los beneficios de inversión que exceden las reservas se destinan a obras públicas, incluyendo fondos educativos del estado. Ahí radica la verdadera dimensión política de esta iniciativa, que a menudo pasa desapercibida.

El estado busca transformar la «impuesto de acuñación» de las stablecoins en fondos públicos: los intereses generados financiarán la educación.

Si has seguido los debates sobre las stablecoins en EE. UU., entenderás la importancia de esta medida. La disputa sobre «quién tiene el derecho de emitir stablecoins» en realidad es una lucha por controlar los beneficios de los intereses flotantes: bancos, fintech, emisores cripto o el propio gobierno.

Wyoming ofrece una respuesta innovadora: las instituciones públicas pueden argumentar que su misión es el interés público, no maximizar beneficios para los accionistas.

Este es también el punto donde colisionan las políticas federales y las experimentaciones estatales. La comisión dice que espera que FRNT conviva con las reglas federales de stablecoins, y cita la definición de «persona» en la Ley de Geniuses, argumentando que las instituciones públicas no están bajo su jurisdicción.

Su argumento central es filosófico: las stablecoins emitidas por entidades privadas bajo regulación federal, con incentivos diferentes, no son iguales a las emitidas por instituciones públicas.

Cuando se les pregunta si las reglas federales los excluirán, la respuesta de la comisión es relajada: «Esperamos que ambas coexistirán.»

Su argumento es que los emisores públicos están en una carrera distinta: «Las stablecoins privadas bajo la Ley de Geniuses buscan beneficios para los accionistas; las emitidas por instituciones públicas buscan el interés público.»

¿Finalmente, el gobierno federal aceptará esta delimitación clara? Es una incógnita. Los legisladores siempre temen los vacíos legales, especialmente aquellos que llevan la marca de los estados. Pero la postura de la comisión revela la contradicción central del federalismo estadounidense: los estados son laboratorios de políticas, pero cuando empiezan a crear productos con atributos monetarios, todo cambia.

Además, en el debate sobre stablecoins hay un punto poco mencionado: quién controla la emisión y circulación.

La supervivencia de una stablecoin depende de sus canales de adquisición y uso. Si logra estar en los exchanges principales, se integrará en la liquidez del mercado cripto; si puede usarse como una tarjeta de débito, puede cambiar los hábitos de pago de los consumidores; si circula en varias blockchains, será una opción preferida para desarrolladores e instituciones.

La Comisión de Stablecoins de Wyoming planea atender a ambos públicos: los que valoran la liquidez y accesibilidad en el cripto, y los que priorizan la resistencia al riesgo y la auditoría en el sector público. Uno busca velocidad, el otro, trazabilidad.

Wyoming promete satisfacer ambas demandas, aunque el objetivo es ambicioso y algo contradictorio.

Pero esa ambición es precisamente la clave del problema. Wyoming siempre ha tenido la tradición de ser pionero: desde impulsar el sufragio femenino en sus inicios, hasta su fama de entorno favorable a los negocios.

Este stablecoin es una extensión de ese espíritu pionero en la era digital: aprovechar las ventajas de un estado pequeño para experimentar en áreas que, por su riesgo político o por la reticencia de las instituciones federales, no se tocan.

Si otros estados siguen su ejemplo, el sistema del dólar podría experimentar una nueva capa.

Si otros estados adoptan esta tendencia, el sistema del dólar añadirá una nueva capa

El mayor problema no es si Wyoming tiene la capacidad técnica para gestionar una stablecoin, cuya competencia y búsqueda de innovación ya están demostradas. La verdadera cuestión es: si ese estado logra hacer que la idea de «emisión local de moneda pública» sea clara y realizable, ¿cómo reaccionarán los demás?

La comisión dice que espera que otros estados colaboren con Wyoming en la emisión de stablecoins estatales, y que la interoperabilidad será la prioridad. Esa obsesión podría dar los resultados más valiosos.

Si las monedas de los 50 estados no son interoperables, terminarán formando «jardines amurallados», con reglas, socios y zonas políticas distintas en cada uno. La interoperabilidad será clave para que los experimentos estatales generen efectos de red, y para que las stablecoins estatales pasen de ser «proyectos locales marginales» a «herramientas de negociación nacionales».

Wyoming claramente invita a otros estados a seguir su ejemplo, con una condición: «Esperamos que otros estados colaboren con Wyoming». La comisión dijo a CryptoSlate que la interoperabilidad entre tokens y redes blockchain debe ser una prioridad.

Imagina un futuro cercano en el que varios estados emitan sus propias stablecoins, todas con fines de bienestar público, respaldadas por bonos del gobierno de EE. UU., con alguna forma de auditoría en cadena, y circulando a través de exchanges y redes de pago con tarjetas. Entonces, dos escenarios serán posibles.

El primero, la competencia en el mercado. La emisión de stablecoins privadas enfrentará nuevos estándares: reuniones públicas, divulgación de información y la demostración práctica de que «las instituciones públicas también pueden generar confianza». Aunque la stablecoin de Wyoming no llegue a ser dominante, esta competencia impulsará una mayor transparencia en el mercado. A veces, la competencia en sí misma es el producto más valioso.

El segundo escenario, más político, será el más directo: si las stablecoins se usan ampliamente para pagos y liquidaciones, los emisores se convertirán en actores clave del sistema monetario. Una stablecoin estatal que genere beneficios para fondos públicos o permita pagos rápidos, ganará apoyo, pero también atraerá críticas.

Los defensores la verán como innovación, y los críticos la acusarán de «sobrepasar los límites del poder gubernamental disfrazado de tecnología financiera». Ambas posturas tienen argumentos sólidos desde sus propios puntos de vista.

La iniciativa de Wyoming también está redefiniendo silenciosamente el debate sobre las CBDC. En EE. UU., la discusión sobre las monedas digitales del banco central oscila entre dos extremos: que sean «herramientas de vigilancia» o que sean «una modernización inevitable del sistema financiero».

Wyoming propone un tercer camino: que el gobierno estatal emita dólares digitales, bajo legislación, circulando por canales privados y sometidos a procedimientos públicos. Este modelo excluye al gobierno federal en la emisión, pero mantiene su presencia en la carrera de las monedas digitales.

Esto plantea un dilema para el gobierno federal: si los ciudadanos estadounidenses deben aceptar el dólar digital, la verdadera cuestión será «qué instituciones construirán los canales de pago y qué leyes regularán su funcionamiento».

El gobierno puede prohibir, aceptar o regular; los estados pueden crear sus propios sistemas; las empresas competirán por los canales de circulación. El ganador final probablemente no será quien tenga la tecnología más avanzada, sino quien logre coordinar intereses, ganar confianza pública y resistir la próxima ronda electoral.

Wyoming apuesta a tres niveles: que el interés público puede convertirse en un modelo competitivo, que la transparencia puede ser una estrategia de circulación, y que el valor de la stablecoin va mucho más allá de ser una herramienta de pago. La misma ironía radica en que la aplicación menos romántica de la tecnología cripto puede ser la que realmente genere valor social: un dólar digital con un sello de vaquero, que quizás no cambie la estructura financiera de la noche a la mañana, pero sí hará movimientos más disruptivos, haciendo que el dólar sea más local, más polémico y sorprendentemente cercano a la vida cotidiana.

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