Lo que debería haber sido “Uptober” – el mes tradicionalmente favorable para el sector cripto – se convirtió en sinónimo de una de las caídas más graves de la última década. Entre el 5 y el 7 de octubre, Bitcoin alcanzó máximos históricos en la franja de 124.000-126.000 dólares, antes de comenzar una caída vertiginosa que para finales de noviembre eliminó más de un billón de dólares de la capitalización total del mercado. Hoy, en enero de 2026, el precio oscila alrededor de los 91.450 dólares, marcando una caída de aproximadamente el 25-27% respecto al pico de otoño.
El evento desencadenante: cuando la geopolítica encuentra el mercado cripto
El fin de semana entre el 10 y el 12 de octubre representa el punto culminante de la tensión. En pocas horas, Bitcoin cayó por debajo de los 105.000 dólares mientras Ethereum sufría pérdidas del 11-12%. Muchas altcoins registraron caídas entre el 40 y el 70%, con algunos activos menos líquidos alcanzando niveles críticos. Lo que sorprendió a los analistas no fue una simple corrección, sino un evento de deleveraging brutal que puso al descubierto las fragilidades estructurales del ecosistema.
El desencadenante fue inequívocamente político: el anuncio de aranceles de hasta el 100% sobre las importaciones chinas por parte de la administración Trump desató una ola de aversión al riesgo en los mercados globales. Las criptomonedas, por su naturaleza sensibles al sentimiento, se pusieron en primera línea. Quienes tenían posiciones excesivamente apalancadas no tuvieron tiempo de reaccionar: en menos de 24 horas, aproximadamente 17-19 mil millones de dólares en posiciones a margen fueron liquidados, involucrando hasta 1,6 millones de traders simultáneamente.
La polvorera ya estaba cargada: apalancamiento, narrativa y realidad divergente
Pero reducir lo ocurrido solo al anuncio de los aranceles significa malinterpretar la complejidad subyacente. La noticia fue la chispa, no la explosión. Desde hace meses, el mercado navegaba un equilibrio precario entre dos fuerzas opuestas: por un lado, la narrativa de un superciclo alcista sostenido por los recortes de tasas de la Fed, y por otro, señales macroeconómicas contradictorias que sugerían cautela.
El uso masivo del apalancamiento había hecho que el sistema fuera extremadamente inestable. Cuando el precio empezó a caer, el cierre forzoso de las posiciones amplificó el movimiento mucho más allá de lo justificado solo por la noticia geopolítica. Además, existe una componente psicológica: tras meses de discusiones sobre Bitcoin por encima de los 150.000 dólares, una parte significativa de traders estaba convencida de que la tendencia era casi inevitable. Cuando la realidad contradejo esa narrativa, el desajuste entre expectativas y precios reales convirtió la duda en pánico, especialmente entre los nuevos entrantes.
Tres escenarios posibles para finales de 2025
Analizando las perspectivas a través de tres escenarios distintos:
Primer escenario – Asimilación gradual del shock. El mercado continúa procesando los daños de octubre mediante reequilibrios y acumulación por parte de los holders a largo plazo. Algunas estrategias ya están privilegiando Bitcoin y las grandes capitalizaciones frente a las altcoins más especulativas.
Segundo escenario – Lateralización nerviosa. El mercado deja de caer pero no logra rebotar con convicción. Es una fase donde abundan las señales falsas y la volatilidad intradía no se traduce en una dirección clara trimestral. Quienes operan en horizontes cortos sufren especialmente.
Tercer escenario – Nueva bajista. El escenario más temido sería que Bitcoin pruebe con fuerza la zona de 70.000-80.000 dólares, mientras que el sector de altcoins mostraría volúmenes deprimidos y pocos catalizadores positivos.
Estadísticamente, los últimos ocho años muestran que el último trimestre tiende a ser medianamente favorable, aunque con oscilaciones significativas año tras año. Sin embargo, esta regularidad histórica suele ser alterada por shocks macro y geopolíticos imprevistos.
Cómo están respondiendo los inversores institucionales
Un elemento diferente respecto a ciclos anteriores es la estructuración del capital institucional. Muchos fondos que en 2021-2022 trataban las criptomonedas solo desde una óptica especulativa las están integrando en estrategias macro más amplias de diversificación. La caída de octubre parece haber provocado reequilibrios en lugar de salidas definitivas del activo.
El incidente, sin embargo, ha capturado la atención de los reguladores. Las autoridades que ya trabajan en marcos regulatorios para ETF spot y stablecoins ven lo ocurrido como una confirmación de que la regulación ya no es una cuestión de “si” sino de “cómo”. Algunas propuestas incluyen mayor transparencia sobre el apalancamiento, requisitos de gestión de riesgos más estrictos para los exchanges y estándares de reporte uniformes para los operadores institucionales expuestos a las criptomonedas.
Qué esperar hacia 2026
La caída de octubre de 2025 no es simplemente otro capítulo en la volatilidad cripto. Por sus causas, efectos y consecuencias, representa una prueba crucial de la madurez del sector. Ha demostrado cómo un shock político puede propagarse en minutos a través de un ecosistema globalizado y altamente interconectado, amplificado por dinámicas de apalancamiento agresivas.
Al mismo tiempo, ha confirmado que el mercado sigue operativo incluso bajo presión extrema y que la presencia de actores institucionales tiende a transformar el enfoque de “todo o nada” del pasado en reequilibrios más graduales. La volatilidad sigue siendo intrínseca a las criptomonedas. Quienes eligen mantener exposición deben hacerlo con un horizonte temporal claro, gestión rigurosa del riesgo y la conciencia de que momentos como octubre de 2025 no son desviaciones, sino componentes estructurales del ciclo cripto.
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La caída de Bitcoin entre octubre y noviembre de 2025: cuando la política se encuentra con el apalancamiento excesivo
Lo que debería haber sido “Uptober” – el mes tradicionalmente favorable para el sector cripto – se convirtió en sinónimo de una de las caídas más graves de la última década. Entre el 5 y el 7 de octubre, Bitcoin alcanzó máximos históricos en la franja de 124.000-126.000 dólares, antes de comenzar una caída vertiginosa que para finales de noviembre eliminó más de un billón de dólares de la capitalización total del mercado. Hoy, en enero de 2026, el precio oscila alrededor de los 91.450 dólares, marcando una caída de aproximadamente el 25-27% respecto al pico de otoño.
El evento desencadenante: cuando la geopolítica encuentra el mercado cripto
El fin de semana entre el 10 y el 12 de octubre representa el punto culminante de la tensión. En pocas horas, Bitcoin cayó por debajo de los 105.000 dólares mientras Ethereum sufría pérdidas del 11-12%. Muchas altcoins registraron caídas entre el 40 y el 70%, con algunos activos menos líquidos alcanzando niveles críticos. Lo que sorprendió a los analistas no fue una simple corrección, sino un evento de deleveraging brutal que puso al descubierto las fragilidades estructurales del ecosistema.
El desencadenante fue inequívocamente político: el anuncio de aranceles de hasta el 100% sobre las importaciones chinas por parte de la administración Trump desató una ola de aversión al riesgo en los mercados globales. Las criptomonedas, por su naturaleza sensibles al sentimiento, se pusieron en primera línea. Quienes tenían posiciones excesivamente apalancadas no tuvieron tiempo de reaccionar: en menos de 24 horas, aproximadamente 17-19 mil millones de dólares en posiciones a margen fueron liquidados, involucrando hasta 1,6 millones de traders simultáneamente.
La polvorera ya estaba cargada: apalancamiento, narrativa y realidad divergente
Pero reducir lo ocurrido solo al anuncio de los aranceles significa malinterpretar la complejidad subyacente. La noticia fue la chispa, no la explosión. Desde hace meses, el mercado navegaba un equilibrio precario entre dos fuerzas opuestas: por un lado, la narrativa de un superciclo alcista sostenido por los recortes de tasas de la Fed, y por otro, señales macroeconómicas contradictorias que sugerían cautela.
El uso masivo del apalancamiento había hecho que el sistema fuera extremadamente inestable. Cuando el precio empezó a caer, el cierre forzoso de las posiciones amplificó el movimiento mucho más allá de lo justificado solo por la noticia geopolítica. Además, existe una componente psicológica: tras meses de discusiones sobre Bitcoin por encima de los 150.000 dólares, una parte significativa de traders estaba convencida de que la tendencia era casi inevitable. Cuando la realidad contradejo esa narrativa, el desajuste entre expectativas y precios reales convirtió la duda en pánico, especialmente entre los nuevos entrantes.
Tres escenarios posibles para finales de 2025
Analizando las perspectivas a través de tres escenarios distintos:
Primer escenario – Asimilación gradual del shock. El mercado continúa procesando los daños de octubre mediante reequilibrios y acumulación por parte de los holders a largo plazo. Algunas estrategias ya están privilegiando Bitcoin y las grandes capitalizaciones frente a las altcoins más especulativas.
Segundo escenario – Lateralización nerviosa. El mercado deja de caer pero no logra rebotar con convicción. Es una fase donde abundan las señales falsas y la volatilidad intradía no se traduce en una dirección clara trimestral. Quienes operan en horizontes cortos sufren especialmente.
Tercer escenario – Nueva bajista. El escenario más temido sería que Bitcoin pruebe con fuerza la zona de 70.000-80.000 dólares, mientras que el sector de altcoins mostraría volúmenes deprimidos y pocos catalizadores positivos.
Estadísticamente, los últimos ocho años muestran que el último trimestre tiende a ser medianamente favorable, aunque con oscilaciones significativas año tras año. Sin embargo, esta regularidad histórica suele ser alterada por shocks macro y geopolíticos imprevistos.
Cómo están respondiendo los inversores institucionales
Un elemento diferente respecto a ciclos anteriores es la estructuración del capital institucional. Muchos fondos que en 2021-2022 trataban las criptomonedas solo desde una óptica especulativa las están integrando en estrategias macro más amplias de diversificación. La caída de octubre parece haber provocado reequilibrios en lugar de salidas definitivas del activo.
El incidente, sin embargo, ha capturado la atención de los reguladores. Las autoridades que ya trabajan en marcos regulatorios para ETF spot y stablecoins ven lo ocurrido como una confirmación de que la regulación ya no es una cuestión de “si” sino de “cómo”. Algunas propuestas incluyen mayor transparencia sobre el apalancamiento, requisitos de gestión de riesgos más estrictos para los exchanges y estándares de reporte uniformes para los operadores institucionales expuestos a las criptomonedas.
Qué esperar hacia 2026
La caída de octubre de 2025 no es simplemente otro capítulo en la volatilidad cripto. Por sus causas, efectos y consecuencias, representa una prueba crucial de la madurez del sector. Ha demostrado cómo un shock político puede propagarse en minutos a través de un ecosistema globalizado y altamente interconectado, amplificado por dinámicas de apalancamiento agresivas.
Al mismo tiempo, ha confirmado que el mercado sigue operativo incluso bajo presión extrema y que la presencia de actores institucionales tiende a transformar el enfoque de “todo o nada” del pasado en reequilibrios más graduales. La volatilidad sigue siendo intrínseca a las criptomonedas. Quienes eligen mantener exposición deben hacerlo con un horizonte temporal claro, gestión rigurosa del riesgo y la conciencia de que momentos como octubre de 2025 no son desviaciones, sino componentes estructurales del ciclo cripto.