Octubre de 2025: cuando el mercado de criptomonedas reveló sus dinámicas más frágiles

Noviembre de 2025 nos ha entregado el informe de lo que debía ser un mes histórico para las criptomonedas. En lugar de presenciar el tradicional “Uptober” alcista, hemos observado uno de los desplomes más significativos de la última década. Entre los primeros días de octubre y finales de noviembre, el valor total de la capitalización de mercado cripto sufrió una contracción superior a 1 billón de dólares, con Bitcoin que borró aproximadamente un tercio de sus ganancias previas.

La dinámica del evento se concentró en el fin de semana del 10-12 de octubre. En pocas horas, Bitcoin cayó desde niveles de 124.000-126.000 dólares (alcanzados poco antes) hasta por debajo de 105.000 dólares. Ethereum registró pérdidas entre el 11 y el 12 por ciento, mientras que las altcoins sufrieron caídas que en algunos casos superaron el 70 por ciento, con episodios de caídas abruptas en pares con baja liquidez.

Las raíces ocultas de un shock técnico amplificado

Definir lo ocurrido como una simple corrección sería reduccionista. Se trató más bien de un evento de deleveraging que puso de manifiesto las vulnerabilidades estructurales acumuladas en los meses previos.

El desencadenante inicial fue exógeno al mercado cripto: el anuncio de la administración estadounidense de aranceles de hasta el 100 por ciento sobre las importaciones chinas provocó una ola repentina de aversión al riesgo en los mercados globales. Las criptomonedas, por su naturaleza sensible a los cambios en el sentimiento, se colocaron en primera línea. Para quienes tenían posiciones amplificadas por apalancamiento, no hubo tiempo suficiente para reaccionar antes de que se activaran los llamados de margen y las liquidaciones automáticas.

Sin embargo, atribuir la caída únicamente a los aranceles significaría ignorar el panorama general. Semanas antes, el mercado navegaba en un equilibrio inestable: por un lado, los recortes de tasas de la Fed sugerían la llegada de nuevo capital. Por otro, las comunicaciones oficiales permanecían cautelosas, desaconsejando la expectativa de liquidez incondicional.

En este contexto, el uso extensivo del apalancamiento hizo que el sistema fuera extremadamente sensible a cualquier shock. Ante la caída de precios, los cierres forzosos de posiciones amplificaron el movimiento mucho más allá de lo que la sola noticia geopolítica podría haber justificado.

Un elemento psicológico jugó un papel determinante. Tras meses de discusiones sobre Bitcoin por encima de los 150.000 dólares y un mercado cripto destinado a alcanzar una capitalización de billones, muchos operadores habían interiorizado un escenario alcista casi inevitable. Cuando la realidad contradejo esas expectativas, la brecha entre la narrativa construida y los precios reales convirtió la incertidumbre en pánico, especialmente entre los operadores que entraron en euforia en los máximos.

Escenario de liquidaciones: los números que explican el colapso

Entre el 10 y el 11 de octubre, el mercado registró uno de los sell-offs más violentos de su historia. En menos de 24 horas, posiciones con apalancamiento por un valor entre 17 y 19 mil millones de dólares fueron forzadas a cerrar, afectando hasta 1,6 millones de traders simultáneamente.

Este mecanismo convirtió una noticia de alcance macroeconómico en una avalancha de carácter técnico. Los precios perforaron uno tras otro los niveles de soporte, los algoritmos aceleraron la fase de venta y muchos exchanges se encontraron gestionando flujos de órdenes en un entorno donde la liquidez se había reducido de forma repentina. La atmósfera resultante recordó al “crypto winter” de 2022, con la diferencia de que esta vez el evento no involucraba el desplome de un solo proyecto, sino de todo el conjunto de posiciones excesivamente amplificadas.

Perspectivas hacia finales de año: tres escenarios posibles

Analizando las semanas posteriores a la crisis, emergen tres escenarios plausibles para la conclusión de 2025.

El primer escenario prevé una absorción gradual del shock. Ya en los días siguientes al desplome, se observaron señales de acumulación por parte de holders de largo plazo y operaciones de reequilibrio que aumentaron la exposición en Bitcoin y en las principales capitalizaciones, reduciendo la exposición hacia las altcoins más especulativas.

El segundo escenario describe una fase de lateralización tensa. El mercado deja de deteriorarse aún más pero encuentra dificultades para recuperar momentum. En esta dinámica, los operadores con horizonte corto sufren las consecuencias de señales falsas recurrentes, mientras que la volatilidad intradía no se traduce en una direccionalidad de medio plazo.

El tercer escenario, el que genera mayor preocupación, contempla una segunda ola bajista. En esta eventualidad, Bitcoin podría probar con mayor convicción la franja entre 70.000 y 80.000 dólares, mientras que la mayoría de las altcoins permanecerían caracterizadas por volúmenes contenidos y la falta de catalizadores positivos en el corto plazo.

Con mucha probabilidad, la realidad se articulará en una combinación dinámica de estos tres escenarios: recuperaciones parciales alternadas con fases de congestión y nuevas olas de volatilidad impulsadas por decisiones de la Reserva Federal, del Banco Central Europeo y por los continuos desarrollos de la situación geopolítica.

Qué indican los datos históricos sobre la estacionalidad de fin de año

El análisis de los patrones estacionales de Bitcoin desde 2017 hasta 2024 revela una tendencia general alcista en el último trimestre, aunque con una variabilidad no desdeñable. Al examinar los años individualmente, sin embargo, emerge un panorama menos uniforme: algunos finales de año han registrado rallies sólidos, otros caídas significativas. Esta oscilación sugiere que los factores contingentes mantienen un peso mayor que los patrones históricos cuando las condiciones macroeconómicas son inestables.

A enero de 2026, Bitcoin se cotiza alrededor de 91.400 dólares, aproximadamente un 27-28 por ciento por debajo del máximo de octubre. Esta posición representa un punto de observación interesante para evaluar la consolidación tras el desplome.

Cómo están reinterpretando su papel los inversores institucionales

Un elemento que distingue este episodio de ciclos anteriores es la presencia más estructurada de capital proveniente de operadores institucionales. Muchos fondos que en 2021-2022 trataban las criptomonedas exclusivamente desde una perspectiva especulativa las han integrado en estrategias de diversificación macroeconómica más amplias.

A pesar de la caída de octubre, las comunicaciones de los principales despachos institucionales describen principalmente operaciones de reequilibrio y coberturas, más que una salida estratégica del activo. Este elemento sugiere que los fundamentos del apoyo institucional permanecen intactos.

Paralelamente, el evento de octubre ha intensificado el foco de las autoridades regulatorias. Quienes trabajan en los marcos para ETF spot y stablecoins han visto confirmado que la cuestión ya no es si regular el sector, sino cómo hacerlo preservando el espacio para la innovación. Varias propuestas en discusión contemplan mayor transparencia en el uso del apalancamiento, requisitos de gestión del riesgo más rigurosos para los exchanges y estándares uniformes de reporte para los operadores institucionales expuestos a las criptomonedas.

Qué nos ha enseñado el mercado

El desplome de octubre de 2025 representa algo más que un capítulo adicional en la larga historia de la volatilidad cripto. Por escala, orígenes e implicaciones, constituye una prueba crucial de la madurez alcanzada por el sector.

Ha evidenciado cómo un shock geopolítico puede propagarse en minutos a través de un ecosistema globalizado, altamente interconectado y aún caracterizado por dinámicas agresivas de apalancamiento financiero. Al mismo tiempo, ha demostrado que el mercado mantiene la capacidad de seguir operando bajo presiones extremas y que la presencia de actores institucionales tiende a transformar el enfoque “todo o nada” del pasado en procesos de reequilibrio más ordenados.

De cara a la conclusión del año, la verdadera prueba para los inversores no consiste en anticipar el precio exacto de Bitcoin en diciembre, sino en comprender la naturaleza de la fase actual. Coexisten riesgos tangibles de nuevos shocks derivados de la incertidumbre macroeconómica y geopolítica, pero también señales de que el desplome está acelerando una selección natural entre proyectos de valor y pura especulación.

Las criptomonedas siguen siendo un activo de alto riesgo, donde el uso del apalancamiento requiere una gestión rigurosísima, especialmente cuando el contexto macroeconómico presenta complejidades. Dado que la volatilidad es una característica intrínseca de este mercado, quien decida participar debe operar con un horizonte temporal bien definido, con disciplinas severas de gestión del riesgo y con la conciencia de que episodios como el de octubre de 2025 no representan desviaciones de la normalidad, sino componentes estructurales del ciclo cripto.

Hasta la próxima profundización, con una gestión consciente del riesgo.

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