El mercado de altcoins de este año ha sido realmente difícil. Para entender qué está pasando, hay que remontarse a unos años atrás en los registros.
La ola de financiación de 2021 a 2022 realmente generó una gran cantidad de proyectos con suficiente capital. Estos proyectos ahora comienzan a emitir tokens de manera intensiva, y los problemas surgen a raíz de ello: el mercado se ve inundado por una cantidad masiva de tokens, pero la verdadera demanda de compra es escasa.
Lo más doloroso no es solo el exceso de oferta en sí. Lo más problemático es que el mecanismo que lo causa no ha cambiado en absoluto. Los proyectos siguen emitiendo tokens, sin importar si tienen mercado o muchos usuarios; de todos modos, emitir tokens se ha convertido en un camino obligatorio. Cuando el dinero de los fondos de inversión se seca, la inversión en el mercado primario también se estanca, y los equipos comienzan a ver la emisión de tokens como su única forma de financiamiento, o simplemente como una oportunidad para que los insiders hagan cash-out.
La situación en su conjunto parece un juego de cuatro pérdidas.
**La trampa de la baja liquidez**
En los últimos tres años, la industria ha utilizado un esquema con un defecto evidente: al emitir tokens, reducen la circulación a niveles extremadamente bajos. Normalmente, solo un porcentaje de un solo dígito llega al mercado, y se mantienen artificialmente altos los FDV (valoración totalmente diluida). Esta lógica parece no tener fallos: menos circulación, precios estables por sí mismos.
El problema es que este estado de baja circulación está destinado a no durar para siempre. A medida que los tokens bloqueados se desbloquean, la curva de oferta comienza a subir, y el precio inevitablemente cae en picado. ¿El resultado? Los primeros creyentes terminan siendo los que compran en la caída. Según los datos, la mayoría de los tokens no han tenido un buen desempeño desde su lanzamiento.
Lo más insidioso es que este mecanismo de baja circulación crea una ilusión: hace que todos piensen que han conseguido una ganga, cuando en realidad es una trampa total. Los inversores creen que entraron temprano y compraron barato, los proyectos piensan que han mantenido el precio estable al reducir la circulación, y tanto los primeros apoyadores como los posteriores creen que han tomado decisiones inteligentes. Pero cuando llega el momento de liberar la oferta, toda esa ilusión se rompe.
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El mercado de altcoins de este año ha sido realmente difícil. Para entender qué está pasando, hay que remontarse a unos años atrás en los registros.
La ola de financiación de 2021 a 2022 realmente generó una gran cantidad de proyectos con suficiente capital. Estos proyectos ahora comienzan a emitir tokens de manera intensiva, y los problemas surgen a raíz de ello: el mercado se ve inundado por una cantidad masiva de tokens, pero la verdadera demanda de compra es escasa.
Lo más doloroso no es solo el exceso de oferta en sí. Lo más problemático es que el mecanismo que lo causa no ha cambiado en absoluto. Los proyectos siguen emitiendo tokens, sin importar si tienen mercado o muchos usuarios; de todos modos, emitir tokens se ha convertido en un camino obligatorio. Cuando el dinero de los fondos de inversión se seca, la inversión en el mercado primario también se estanca, y los equipos comienzan a ver la emisión de tokens como su única forma de financiamiento, o simplemente como una oportunidad para que los insiders hagan cash-out.
La situación en su conjunto parece un juego de cuatro pérdidas.
**La trampa de la baja liquidez**
En los últimos tres años, la industria ha utilizado un esquema con un defecto evidente: al emitir tokens, reducen la circulación a niveles extremadamente bajos. Normalmente, solo un porcentaje de un solo dígito llega al mercado, y se mantienen artificialmente altos los FDV (valoración totalmente diluida). Esta lógica parece no tener fallos: menos circulación, precios estables por sí mismos.
El problema es que este estado de baja circulación está destinado a no durar para siempre. A medida que los tokens bloqueados se desbloquean, la curva de oferta comienza a subir, y el precio inevitablemente cae en picado. ¿El resultado? Los primeros creyentes terminan siendo los que compran en la caída. Según los datos, la mayoría de los tokens no han tenido un buen desempeño desde su lanzamiento.
Lo más insidioso es que este mecanismo de baja circulación crea una ilusión: hace que todos piensen que han conseguido una ganga, cuando en realidad es una trampa total. Los inversores creen que entraron temprano y compraron barato, los proyectos piensan que han mantenido el precio estable al reducir la circulación, y tanto los primeros apoyadores como los posteriores creen que han tomado decisiones inteligentes. Pero cuando llega el momento de liberar la oferta, toda esa ilusión se rompe.