Existe una desconexión fundamental en la forma en que abordamos los agentes de codificación frente a los agentes empresariales. La realidad es simple: el código existe en todas partes en línea en abundancia, y a diferencia de otros sistemas, es inherentemente verificable y comprobable. Esto crea expectativas muy diferentes. Los agentes empresariales operan bajo restricciones—necesitan justificar decisiones, mostrar su trabajo, demostrar fiabilidad. Pero los agentes de codificación se benefician de una dinámica opuesta: datos de entrenamiento infinitos combinados con resultados medibles. Puedes validar realmente si la salida funciona o falla. Esa brecha entre lo que la gente espera y lo que estos sistemas realmente entregan suele ser donde ocurre toda la fricción.
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Existe una desconexión fundamental en la forma en que abordamos los agentes de codificación frente a los agentes empresariales. La realidad es simple: el código existe en todas partes en línea en abundancia, y a diferencia de otros sistemas, es inherentemente verificable y comprobable. Esto crea expectativas muy diferentes. Los agentes empresariales operan bajo restricciones—necesitan justificar decisiones, mostrar su trabajo, demostrar fiabilidad. Pero los agentes de codificación se benefician de una dinámica opuesta: datos de entrenamiento infinitos combinados con resultados medibles. Puedes validar realmente si la salida funciona o falla. Esa brecha entre lo que la gente espera y lo que estos sistemas realmente entregan suele ser donde ocurre toda la fricción.