Cada día, otra brecha de datos ocupa los titulares. Pero aquí está lo importante: la mayoría de los incidentes nunca se hacen públicos.
El verdadero problema no son solo los hackeos. Es cómo se construyen las aplicaciones.
Piénsalo: quieres usar una aplicación, así que entregas tus datos. Billones hacen lo mismo. Toda esa información fluye hacia un solo lugar, se almacena de forma centralizada, y de repente tienes un objetivo masivo pintado en el sistema. Una vulnerabilidad, una brecha, y todo queda expuesto.
Esta es la falla estructural de la que nadie quiere hablar. La recopilación de datos centralizada nunca fue diseñada para una era en la que la privacidad importa. La propia arquitectura crea el honeypot—y las aplicaciones se convierten en objetivos inevitables para los atacantes.
La pregunta no es si la próxima brecha llegará. Es cuándo. Y si finalmente exigiremos una infraestructura mejor.
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Cada día, otra brecha de datos ocupa los titulares. Pero aquí está lo importante: la mayoría de los incidentes nunca se hacen públicos.
El verdadero problema no son solo los hackeos. Es cómo se construyen las aplicaciones.
Piénsalo: quieres usar una aplicación, así que entregas tus datos. Billones hacen lo mismo. Toda esa información fluye hacia un solo lugar, se almacena de forma centralizada, y de repente tienes un objetivo masivo pintado en el sistema. Una vulnerabilidad, una brecha, y todo queda expuesto.
Esta es la falla estructural de la que nadie quiere hablar. La recopilación de datos centralizada nunca fue diseñada para una era en la que la privacidad importa. La propia arquitectura crea el honeypot—y las aplicaciones se convierten en objetivos inevitables para los atacantes.
La pregunta no es si la próxima brecha llegará. Es cuándo. Y si finalmente exigiremos una infraestructura mejor.