Desde diciembre pasado, una oscuridad más profunda parece haberse extendido por todo el mundo, más fuerte que la agitación o patrón de fin de año habitual.
Lo que creía que desaparecería ha cruzado al nuevo año, sorprendiendo con cifras de suicidio/muerte, caos y conflictos inexplicables. Lo que los ojos no pueden ver es más de lo que los ojos y los medios de comunicación pueden visualizar.
Solo las misericordias de Dios, y permanecer en Jesús, pueden protegernos de una oscuridad que se ha vuelto más feroz y más consumidora.
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Desde diciembre pasado, una oscuridad más profunda parece haberse extendido por todo el mundo, más fuerte que la agitación o patrón de fin de año habitual.
Lo que creía que desaparecería ha cruzado al nuevo año, sorprendiendo con cifras de suicidio/muerte, caos y conflictos inexplicables. Lo que los ojos no pueden ver es más de lo que los ojos y los medios de comunicación pueden visualizar.
Solo las misericordias de Dios, y permanecer en Jesús, pueden protegernos de una oscuridad que se ha vuelto más feroz y más consumidora.