Cuando hablamos de rentabilidad económica, también conocida por su acrónimo ROI (Return on Investments), nos referimos al rendimiento que genera invertir en una determinada empresa. Suena simple, pero en la práctica tiene más capas de lo que parece.
La rentabilidad de una empresa se calcula siempre tomando en cuenta los resultados históricos, es decir, el desempeño pasado. A partir de ese análisis, extrapolamos una tendencia que nos ayuda a proyectar nuestra inversión futura: tanto ponemos, tanto esperamos obtener.
Conocer este indicador nos facilita enormemente la toma de decisiones. En principio, todo inversor busca empresas que provean mayor rentabilidad económica, aunque tampoco es garantía de éxito. La vida del mercado nos ha enseñado casos fascinantes: casi todas las startup que hoy son gigantes estuvieron años con ROI negativo, generando pérdidas a sus inversores iniciales.
Diferencia clave: rentabilidad económica vs. rentabilidad financiera
Mucha gente confunde estos dos términos, pero la diferencia es fundamental:
Rentabilidad económica: trabaja sobre los activos totales de la empresa
Rentabilidad financiera: se calcula sobre los fondos propios
Dependiendo de la estructura de la empresa, estos números pueden ser bastante distintos.
Cómo se calcula la rentabilidad de una empresa
El cálculo es directo y no requiere complejidad:
ROI = (Beneficio Obtenido / Inversión Ejecutada) × 100
Esta fórmula funciona tanto si eres un inversor individual comprando acciones como si eres una empresa evaluando la rentabilidad de sus proyectos internos.
Ejemplo práctico 1: Inversión en acciones individuales
Tenemos 10.000 € para invertir en dos acciones diferentes (A y B), 5.000 € en cada una.
Al final del período:
Acción A: tenemos 5.960 € (ganancia: 960 €)
Acción B: tenemos 4.876 € (pérdida: 124 €)
ROI acción A = (960 / 5.000) × 100 = 19,20%
ROI acción B = (-124 / 5.000) × 100 = -2,48%
Claramente, la acción A es más interesante para este período.
Ejemplo práctico 2: Proyectos empresariales
Una empresa invierte 60.000 € en remodelar sus tiendas. Tras la tasación, esos locales valen ahora 120.000 €.
ROI = (60.000 / 60.000) × 100 = 100%
La inversión duplicó su valor. Excelente resultado.
Los casos más instructivos: cuando el ROI engaña
Amazon: de pérdidas a imperio
Amazon vivió varios ejercicios consecutivos con ROI negativo. Los inversores perdían dinero. Pero cualquiera que hubiera mantenido su inversión desde esos años de rojo hasta hoy habría obtenido retornos descomunales. El paciencia fue recompensada generosamente.
Tesla: el ROI de -201,37% que se convirtió en fortuna
Entre 2010 y 2013, Tesla registraba un ROI de -201,37% en algunos trimestres. Cualquier inversor convencional habría huido. Pero quienes mantuvieron su capital desde diciembre de 2010 hasta hoy lograron una rentabilidad de +15.316%, una auténtica fortuna.
Estos casos ilustran por qué el ROI es especialmente engañoso en empresas de tipo Growth (crecimiento), que destinan masivos recursos a I+D+I y desarrollo futuro.
Cuándo el ROI sí funciona bien
El ROI es un indicador de oro cuando buscas evaluar empresas de tipo Value, es decir, aquellas con un amplio histórico en bolsa, resultados predecibles y una proyección clara. En estos casos, un ROI consistentemente alto es señal de buena gestión empresarial.
Apple es el ejemplo contemporáneo perfecto: su ROI supera el 70%, lo que refleja su capacidad excepcional para rentabilizar inversiones gracias a los márgenes que le brindan su marca y tecnología.
¿Para qué sirve realmente conocer la rentabilidad de una empresa?
A nivel particular, el ROI es tu herramienta para comparar opciones: si la opción A te da 7% y la B te da 9%, elegirás la B (siendo todo lo demás igual).
A nivel de inversor en empresas cotizadas, buscas negocios que sepan rentabilizar sus recursos. Hay incontables ejemplos donde una mala asignación de capital destruyó resultados empresariales. Por eso, ver la trayectoria del ROI a lo largo del tiempo es crucial, no solo el dato aislado de este trimestre.
Especialmente importante: cuando inviertes en empresas cuyo fundamento es la innovación y la inversión intensiva, el ROI es un indicador que debes monitorear regularmente, pero nunca interpretar de forma aislada.
Ventajas del ROI como métrica
Simple de calcular y efectivo
Tiene en cuenta el total de inversión realizada
Los datos son relativamente fáciles de localizar
Es comparable entre activos de distinta naturaleza
Válido tanto para inversores individuales como para valorar empresas
Limitaciones del ROI
Se basa en datos históricos, por lo que proyectar el futuro es difícil
Puede engañar en empresas growth que invierten agresivamente hoy para ganar mañana
Empresas que invierten poco recursos pueden inflar artificialmente sus números
Conclusión: ROI como parte de un análisis más amplio
La rentabilidad económica es un factor importante, pero nunca debe ser tu único criterio. Un ROI alto no garantiza nada, del mismo modo que un ROI bajo puede ser una oportunidad oculta o una empresa en peligro.
El enfoque inteligente es evaluar la empresa desde múltiples ángulos: ROI, PER, márgenes, flujo de caja, posición competitiva, sector en el que opera.
Recuerda: el ROI puede distorsionar tu análisis en sectores volcados a la inversión presente para rentabilidad futura—biotech, inteligencia artificial, etc.— comparados con sectores más maduros como energía o distribución alimentaria.
Usar todos estos indicadores juntos, sin dejarte hipnotizar por uno solo, es la base de decisiones de inversión sólidas.
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Rentabilidad económica: cómo entender el ROI para tomar mejores decisiones de inversión
¿Qué significa rentabilidad de una empresa?
Cuando hablamos de rentabilidad económica, también conocida por su acrónimo ROI (Return on Investments), nos referimos al rendimiento que genera invertir en una determinada empresa. Suena simple, pero en la práctica tiene más capas de lo que parece.
La rentabilidad de una empresa se calcula siempre tomando en cuenta los resultados históricos, es decir, el desempeño pasado. A partir de ese análisis, extrapolamos una tendencia que nos ayuda a proyectar nuestra inversión futura: tanto ponemos, tanto esperamos obtener.
Conocer este indicador nos facilita enormemente la toma de decisiones. En principio, todo inversor busca empresas que provean mayor rentabilidad económica, aunque tampoco es garantía de éxito. La vida del mercado nos ha enseñado casos fascinantes: casi todas las startup que hoy son gigantes estuvieron años con ROI negativo, generando pérdidas a sus inversores iniciales.
Diferencia clave: rentabilidad económica vs. rentabilidad financiera
Mucha gente confunde estos dos términos, pero la diferencia es fundamental:
Dependiendo de la estructura de la empresa, estos números pueden ser bastante distintos.
Cómo se calcula la rentabilidad de una empresa
El cálculo es directo y no requiere complejidad:
ROI = (Beneficio Obtenido / Inversión Ejecutada) × 100
Esta fórmula funciona tanto si eres un inversor individual comprando acciones como si eres una empresa evaluando la rentabilidad de sus proyectos internos.
Ejemplo práctico 1: Inversión en acciones individuales
Tenemos 10.000 € para invertir en dos acciones diferentes (A y B), 5.000 € en cada una.
Al final del período:
ROI acción A = (960 / 5.000) × 100 = 19,20%
ROI acción B = (-124 / 5.000) × 100 = -2,48%
Claramente, la acción A es más interesante para este período.
Ejemplo práctico 2: Proyectos empresariales
Una empresa invierte 60.000 € en remodelar sus tiendas. Tras la tasación, esos locales valen ahora 120.000 €.
ROI = (60.000 / 60.000) × 100 = 100%
La inversión duplicó su valor. Excelente resultado.
Los casos más instructivos: cuando el ROI engaña
Amazon: de pérdidas a imperio
Amazon vivió varios ejercicios consecutivos con ROI negativo. Los inversores perdían dinero. Pero cualquiera que hubiera mantenido su inversión desde esos años de rojo hasta hoy habría obtenido retornos descomunales. El paciencia fue recompensada generosamente.
Tesla: el ROI de -201,37% que se convirtió en fortuna
Entre 2010 y 2013, Tesla registraba un ROI de -201,37% en algunos trimestres. Cualquier inversor convencional habría huido. Pero quienes mantuvieron su capital desde diciembre de 2010 hasta hoy lograron una rentabilidad de +15.316%, una auténtica fortuna.
Estos casos ilustran por qué el ROI es especialmente engañoso en empresas de tipo Growth (crecimiento), que destinan masivos recursos a I+D+I y desarrollo futuro.
Cuándo el ROI sí funciona bien
El ROI es un indicador de oro cuando buscas evaluar empresas de tipo Value, es decir, aquellas con un amplio histórico en bolsa, resultados predecibles y una proyección clara. En estos casos, un ROI consistentemente alto es señal de buena gestión empresarial.
Apple es el ejemplo contemporáneo perfecto: su ROI supera el 70%, lo que refleja su capacidad excepcional para rentabilizar inversiones gracias a los márgenes que le brindan su marca y tecnología.
¿Para qué sirve realmente conocer la rentabilidad de una empresa?
A nivel particular, el ROI es tu herramienta para comparar opciones: si la opción A te da 7% y la B te da 9%, elegirás la B (siendo todo lo demás igual).
A nivel de inversor en empresas cotizadas, buscas negocios que sepan rentabilizar sus recursos. Hay incontables ejemplos donde una mala asignación de capital destruyó resultados empresariales. Por eso, ver la trayectoria del ROI a lo largo del tiempo es crucial, no solo el dato aislado de este trimestre.
Especialmente importante: cuando inviertes en empresas cuyo fundamento es la innovación y la inversión intensiva, el ROI es un indicador que debes monitorear regularmente, pero nunca interpretar de forma aislada.
Ventajas del ROI como métrica
Limitaciones del ROI
Conclusión: ROI como parte de un análisis más amplio
La rentabilidad económica es un factor importante, pero nunca debe ser tu único criterio. Un ROI alto no garantiza nada, del mismo modo que un ROI bajo puede ser una oportunidad oculta o una empresa en peligro.
El enfoque inteligente es evaluar la empresa desde múltiples ángulos: ROI, PER, márgenes, flujo de caja, posición competitiva, sector en el que opera.
Recuerda: el ROI puede distorsionar tu análisis en sectores volcados a la inversión presente para rentabilidad futura—biotech, inteligencia artificial, etc.— comparados con sectores más maduros como energía o distribución alimentaria.
Usar todos estos indicadores juntos, sin dejarte hipnotizar por uno solo, es la base de decisiones de inversión sólidas.